Tras borrar los posteos originales en redes sociales, donde descalificaba al futbolista por su origen y formación, Amarilla difundió una misiva en francés y español.
La senadora Celeste Amarilla (PLRA) intentó poner freno a la tormenta diplomática y política que ella misma desató tras sus comentarios racistas contra el capitán de la selección francesa, Kylian Mbappé. Sin embargo, pese a la difusión de una carta abierta de disculpas, el escándalo sigue lejos de resolverse y la presión sobre la legisladora no hace más que aumentar.
Tras borrar los posteos originales en redes sociales, donde descalificaba al futbolista por su origen y formación, Amarilla difundió una misiva en francés y español. En ella, reconoce haber caído en “patrones” que asegura detestar. No obstante, lejos de asumir una responsabilidad plena, la senadora intentó desviar parte de la atención al acusar a Mbappé de haber ejercido “violencia de género” en su contundente respuesta pública, exigiendo, a su vez, una disculpa del jugador. Esta actitud fue interpretada por muchos como una maniobra insuficiente para remediar el daño causado. La postura de la legisladora ha generado una fractura interna y un dilema institucional en la Cámara Alta.
UNA MANCHA EN LA IMAGEN INTERNACIONAL
El caso ha superado las fronteras paraguayas, convirtiéndose en un tema de Estado. El respaldo que Mbappé recibió de figuras como el presidente Emmanuel Macron y la ministra francesa de Deportes, Marina Ferrari, evidenció la gravedad de la ofensa. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay también debió intervenir, deplorando públicamente lo ocurrido para desvincular al país de las posturas xenófobas de la senadora.
El episodio ha dejado al Congreso paraguayo en una posición incómoda: la expectativa ahora recae en si el Senado definirá una sanción institucional ejemplar o si el caso quedará reducido a una simple anécdota diplomática. Mientras tanto, la figura de Amarilla parece quedar debilitada, no solo por sus palabras, sino por la incapacidad de clausurar un debate que, por su naturaleza, toca fibras sensibles a nivel global sobre el respeto y la dignidad.

