Fingiendo una demencia que asombra, la prensa abdista emprendió una nueva operación mediática en que las campañas de desprestigio ahora les resulta “sucia”. Cuestionan que detrás de los escraches que reciben en redes sociales, presuntamente existe financiamiento público, cuando en el período de Mario Abdo Benítez se dedicaron exclusivamente a seguir la línea de persecución de su gobierno, obviando escandalosos casos de corrupción que afectaban a la administración del exmandatario con una canilla abierta en la que no se apiadaron del dinero estatal.

Medios, periodistas y referentes oene­geros de siempre están ahora en una intensa campaña para fustigar escra­ches que pululan en su con­tra vía redes sociales y que furiosamente endilgan al Gobierno, pese a que todavía no cuentan con las pruebas finales.

La libertad de expre­sión no cuenta mucho en esta nueva operación mediática y se embarcaron en busca de la revelación de los perfiles falsos que ponen en eviden­cia el modus operandi de un sector de la prensa que no vio, ni escuchó ni se enteró de los escandalosos casos de corrupción que sacudió al gobierno amigo de Mario Abdo Benítez.

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La coalición de medios abdis­tas se repartieron nada menos que USD 44 millo­nes en publicidad durante el periodo de Abdo Benítez. Esto, detrás de una campaña inmisericorde ajustada a los intereses del exmandatario que usó la estructura estatal para una persecución inmise­ricorde, sin pruebas a su prin­cipal adversario, el presidente del partido colorado.

¿A quién rindieron cuen­tas de lo que hicieron con USD 44 millones en 5 años del gobierno de Abdo Bení­tez, en qué benefició al país?, además del oxígeno econó­mico a grandes medios de comunicación que se alinea­ban a la agenda política del expresidente con rimbom­bantes tapas, pero mate­riales carentes de pruebas y documentos.

Abdo y sus leales bastardea­ron las instituciones, viola­ron normas financieras y de seguridad con filtraciones de información reservada cuya difusión es ilegal. Sus amigos de la prensa se encargaron de viralizar y plantar relatos en todos los medios posibles escudados en la libertad de expresión.

El gobierno Abdo estaba minado de denuncias de corrupción, esta situación se blindaba con el silencio cóm­plice de los dueños de medios y sus periodistas amigos publi­noteros. No tenían empacho en darle horas de pantalla a cuestionados funcionarios, como Patricia Samudio o el mismo Arnaldo Giuzzio, desvinculado por conexio­nes narco, hasta hoy fuente de consulta

La rosca de los medios ami­gos, así como grandes agen­cias de publicidad también eran contratistas de la mayor persecución a un sector polí­tico como de la prensa no ali­neada al abdismo. El con­venio de USD 60 millones firmado por el gobierno de Abdo Benítez con Usaid que era para fortalecer la transpa­rencia y combatir la corrup­ción como la impunidad, fue instrumentado para campa­ñas de persecución mediante investigaciones periodísticas direccionadas y un desplie­gue de tiroteos contra perio­distas, comunicadores que no comulgaban con sus obje­tivos.

El financiamiento de la mayor persecución con dinero público fue en el gobierno de Abdo Benítez.

En los archivos de las bina­cionales constan los miles de millones en publicidad a conglomerados del grupo Vierci como Zuccolillo, cifras escalofriantes para el finan­ciamiento de operadores influencers de redes sociales. Esto al igual que las millona­rias facturaciones de perio­distas, activistas, operadores de la oposición en el convenio Usaid/Paraguay para linchar a los adversarios políticos no subordinados a sus intereses, la de sus nucleaciones y cor­poraciones.

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