Los mensajes que mantenían Sebastián Marset y Marcus Vinicius Espíndola Marques de Padua muestran una cercanía fraternal entre ambos narcos. El brasileño, que era amigo de Arnaldo Giuzzio, a quien prestó una camioneta blindada para ir a Brasil, tenía un trato muy cercano con el uruguayo.

Uno de los nombres que vuelve a apare­cer en el entramado del narcotráfico vinculado a Sebastián Marset es el de Marcus Vinicius Espíndola, una figura que no solo inte­graba el círculo operativo del esquema criminal, sino que además mantenía una rela­ción estrecha con el exminis­tro del Interior del gobierno anterior, Arnaldo Giuzzio. Este nexo vuelve a cobrar relevancia a la luz de nue­vas evidencias extraídas de dispositivos telefónicos del narco brasileño.

Marcus Vinicius había adqui­rido notoriedad tras reve­larse que facilitó una camio­neta blindada para que Giuzzio utilizase para viajar de vacaciones a Brasil, ade­más de mantener contactos con el entonces ministro en el marco de gestiones para supuestamente proveer ele­mentos de seguridad y blin­dados al Ministerio del Inte­rior. Este vínculo adquiere otra dimensión al cruzarse con su rol dentro de la estruc­tura de Marset.

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Conversaciones de mensaje­ría recuperadas del teléfono celular de Vinicius –detenido en febrero de 2022– expo­nen una relación directa y de confianza con el narcotrafi­cante uruguayo. En los inter­cambios, ambos se referían mutuamente como “herma­nos”, una señal de cercanía que trasciende lo meramente circunstancial. En uno de los diálogos, incluso, coordinan cambios de números telefó­nicos como medida de segu­ridad, a lo que Espíndola recomienda que ese tipo de prácticas se mantenga de forma habitual.

Entre las personas vinculadas a Marcus Vinicius, el amigo de Giuzzio, aparece en círculo rojo Marset y Lindomar, dos pesos pesados del narco

En otro pasaje, Vinicius le expresa a Marset su dis­ponibilidad total: “Her­mano, cualquier cosa estoy por aquí, para lo que nece­sites”, a lo que recibe como respuesta un “Gracias, her­mano”. Este tipo de comuni­cación refuerza la hipótesis de una relación fluida dentro de la logística del esquema criminal.

UN TERCER ACTOR, TAMBIÉN NARCO

A su vez, el análisis del dis­positivo revela la presencia reiterada de un tercer actor clave: Lindomar Reges Fur­tado. Su nombre aparece almacenado múltiples veces en la agenda, bajo distintas variantes, lo que sugiere un contacto frecuente y opera­tivo. Las pericias indican que tanto Espíndola como Lin­domar formaban parte del engranaje de apoyo de Marset en Paraguay, actuando como enlaces dentro de su red.

Mientras el vínculo entre Vinicius y Marset se eviden­cia principalmente en chats directos, la conexión con Lin­domar se sostiene en la inten­sidad y recurrencia de los contactos telefónicos. Todo el conjunto de datos confi­gura un mapa de relaciones que ubica a Espíndola como una pieza relevante dentro del esquema.

Los chats entre Vinicius y Marset se hacían con distintos números, como una forma de evasión. Los números utilizados superaban la decena

En este contexto, no cabe duda que el vínculo polí­tico que mantenía Marcus Vinicius con el exministro Giuzzio cobra una impor­tancia esencial, por lo grave de la implicancia de que un ministro de un gobierno haya estado vinculado con capo del narcotráfico, a su vez aso­ciado a un esquema de envío de drogas que incluía a la red del uruguayo Marset.

Aunque no haya nexos direc­tos elementos sobre la par­ticipación del exministro abdista, el entramado de vín­culos vuelve a poner bajo la lupa la relación y la proximi­dad mantenidos durante su gestión al frente de la seguri­dad interna del país.

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