El Poder Ejecutivo promulgó el miérco­les último la ley "Que declara en situación de emer­gencia la agricultura familiar campesina en todo el territo­rio nacional", por un plazo de 180 días, a productores que fueron afectados por las hela­das. La normativa tiene como objetivo atender los proble­mas de asistencia técnica y crediticia, y de acceso a ser­vicios básicos, vivienda y tie­rra que afectan a los compa­triotas que se encuentran en ese segmento de productores.

La legislación dispone que el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), el Insti­tuto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), la Secretaría de Acción Social (SAS), la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat (Senavitat), el Banco Nacio­nal de Fomento (BNF), el Cré­dito Agrícola de Habilitación (CAH) y la Dirección Gene­ral de Aduanas (DGA), entre otras entidades, implementen los planes necesarios a favor de ese sector.

Estas institu­ciones "adoptarán todas las medidas conducentes para cooperar con las familias que se dedican a la agricul­tura familiar campesina, mediante asistencia técnica y crediticia oportuna, como asimismo, deben imprimir medidas de carácter sanita­rio, ambiental, de asisten­cia social, que permitan el acceso a derechos garantiza­dos", indica.

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Los proyectistas de la ley señalan que en el Paraguay el 90% de la agricultura fami­liar, de menos de 50 hectá­reas, y el 83% de menos de 20 hectáreas están "en estado de descomposición, extrema pauperización, endeuda­miento y acorralamiento por el proceso de la expansión del capital en el campo".

Alega que se trata del sec­tor poblacional más estraté­gico "para garantizar la sus­tentabilidad, la seguridad y soberanía alimentaria; la soberanía energética, la sobe­ranía ambiental y territorial de toda la sociedad".

Seña­lan también que éste núcleo productivo ha sido recono­cido por las NNUU, el Celac, el Unasur y el Mercosur como protagonista del desarrollo nacional, especialmente por su contribución a la garan­tía de la seguridad alimenta­ria y nutricional de la pobla­ción. Sostienen, además, que ayudan a la estabilidad de la oferta y de los precios de los alimentos y dinamizan las economías locales.

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