La victoria paraguaya obtenida el 29 de setiembre de 1932 significó mucho más que un triunfo militar: fue un aprendizaje que consolidó la estrategia del general José Félix Estigarribia.
La batalla de Boquerón, librada entre el 9 y el 29 de setiembre de 1932, es considerado uno de los principales triunfos paraguayos de la guerra del Chaco. El enfrentamiento contra las tropas bolivianas representó una experiencia decisiva para un ejército que debió aprender a combatir en un territorio hostil, donde la escasez de agua constituía uno de los mayores obstáculos.
El historiador Fabián Chamorro explicó a La Nación/Nación Media que Boquerón fue una “batalla escuela”, porque permitió a los soldados paraguayos adquirir conocimientos fundamentales para desenvolverse en el Chaco.
“La falta de agua obligó incluso a abandonar posiciones en los primeros días”, señaló Chamorro. La sed afectó por igual a paraguayos y bolivianos y condicionó los movimientos de ambos ejércitos. A partir de esa experiencia, el Ejército paraguayo comenzó a perfeccionar la distribución del agua y el empleo de la artillería en las particulares condiciones del territorio chaqueño.
Con el transcurso de los días, las fuerzas paraguayas lograron reorganizarse y finalmente recuperar Boquerón. La victoria tuvo un fuerte impacto en la moral de las tropas y modificó el curso inicial de la guerra.
CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA
Según Chamorro, el triunfo también fortaleció la concepción estratégica del general Estigarribia, quien sostenía que Bolivia podía ser derrotada en el corazón del Chaco. La victoria permitió además recuperar posteriormente una extensa superficie del territorio chaqueño.
“Necesitaban una gran victoria para elevar la moral del Ejército paraguayo. Con Boquerón no solo se defendió lo nuestro, sino que se consolidó la confianza en que se podía ganar en el campo de batalla”, afirmó el historiador.
La experiencia también marcó un cambio respecto a las concepciones militares anteriores. Varios generales paraguayos, formados bajo una doctrina más antigua, consideraban que la defensa debía organizarse desde el río Paraguay, lo que implicaba ceder buena parte del Chaco.
Boquerón demostró que era posible avanzar y combatir en el interior del territorio. La victoria consolidó así una estrategia que Estigarribia desarrollaría durante los tres años siguientes y que tendría un papel central en el desenlace de la guerra.

