Una menor de madre paraguaya quedó huérfana y con el apoyo de instituciones paraguayas pudo ser traída y quedar al resguardo de su abuela.

Tras una larga espera, una niña que perdió a su madre en Francia se reencontró con su abuela en Paraguay, una mujer que peleó sin cansancio para que su nieta pueda volver a territorio nacio­nal y vivir con su familia. Se trata de la primera aplicación del Convenio de La Haya de protección y restitución inter­nacional de menores.

Es la historia de Ana Váz­quez, una mujer que perdió a su hija que estaba trabajando en Francia y cuya nieta quedó huérfana. Tras el falleci­miento de su madre, la menor fue llevada a un hogar en el que estuvo todo este tiempo mientras su abuela y el Minis­terio de la Niñez y Adolescen­cia (Minna) realizaban las ges­tiones para volver a Paraguay.

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“Me enteré por Facebook nomás que mi hija falleció, estuve llamando sin cesar a Francia y nunca me contestó su marido. Pase por muchos malos momentos porque no tenía condiciones para llegar a ese país pese a que trabajo. Eso me dolió mucho”, expresó la mujer.

ASISTENCIA

La abuela afirmó que llegó hasta el Ministerio de la Niñez donde recibió ayuda y asesoramiento de cómo sería la aplicación del con­venio. “Me quedé tranquila porque por lo menos podía traer a la nena para que no se quede ahí abandonada. Por­que a mi parecer quedar sola en un país extranjero es muy triste. Es una niña que nece­sita de su padres, pero como no están, estoy yo para darle ese amor y cariño”, manifestó. Finalmente, el sábado, Ana y su nieta pudieron reencon­trarse, se dieron un fuerte abrazo y entre lágrimas se dijeron lo mucho que se que­rían. “Mi vida va a cambiar a partir de ahora y vamos a ser muy felices, ya no va a estar más sola porque va a estar con su abuela, con su familia. No puedo con tanta felicidad y agradecimiento”, agregó.

Por su parte, el ministro Wal­ter Gutiérrez manifestó que esto se dio gracias a la articu­lación histórica entre Para­guay y Francia, de esta forma una familia que vuelve a encon­trarse. Hoy, gracias a la fuerza inmensa de una abuela, se cumple el derecho de una niña a crecer rodeada de amor y pro­tección.

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