El histórico trasplante se realizó en el Hospital de Clínicas entre dos hermanas.
Una joven decidió salvar la vida de su hermana al donarle uno de sus riñones, como una demostración fraternal y acto de profunda humanidad. Ante el sufrimiento de su hermana menor y la escasez de donantes, Lorena Marín, de 32 años, tomó una decisión de cambiar para siempre la vida de su familia: donar uno de sus riñones para devolverle la salud y la esperanza a María Belén Marín, de 22 años.
El procedimiento se realizó ayer en el Hospital de Clínicas de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (FCM-UNA), donde se concretó el trasplante renal adulto número 206 con donante vivo. María Belén, estudiante de enfermería y oriunda de Caaguazú, padece lupus eritematoso sistémico con nefritis lúpica y enfermedad renal crónica. Durante un año y diez meses dependió de sesiones de hemodiálisis para seguir viviendo, tratamiento que recibía en el Sanatorio Español Nefroserv, por intermedio del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.
La enfermedad obligó a la joven a trasladarse, casi 200 kilómetros, desde su ciudad natal hasta la localidad de Limpio para continuar su tratamiento, mientras aguardaba la posibilidad de un trasplante. Sin embargo, la espera llegó a su fin gracias al gesto de amor de su hermana mayor, estudiante de una maestría en Educación Superior, quien decidió convertirse en su donante. Previo a la intervención, María Belén fue internada 48 horas antes para recibir la medicación antirrechazo y completar los preparativos médicos correspondientes. La donante, por su parte, ingresó al hospital 24 horas antes de la cirugía para culminar el proceso preoperatorio.

