La ola de feminicidios en el país sacude a diversos sectores de la sociedad, incluyendo a profesionales de la salud y en especial de la salud mental. En ese sentido, la psicóloga Laura Bogado, en diálogo con La Nación/NaciónMedia, explicó que desde una perspectiva psicológica, no existe un perfil único que permita identificar con certeza a un posible feminicida.

“Sabemos que el feminicidio es la forma más extrema de violencia contra las mujeres; esto se vincula a factores como, por ejemplo, el control o la falta de ello, baja autoestima, nula tolerancia a la frustración, violencia de pareja, conductas de agresividad verbal o psicológica y las conductas de dominación”, especificó la Lic.

La profesional confirmó además que muchos hombres se sienten desplazados o desorientados ante la creciente independencia económica, social y emocional de las mujeres, aunque las razones y las reacciones varían según la generación y la perspectiva de cada uno.

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“Este fenómeno no suele ser un rechazo a que a la mujer le vaya bien, sino más bien una crisis de identidad masculina derivada de un cambio de roles muy rápido en medio del machismo instalado también en nuestra cultura”, puntualizó la profesional.

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Añadió que cuando se registran varios casos de feminicidio durante un lapso de tiempo, se puede investigar si efectivamente es un patrón que se copia o que se repite. “Pero es importante distinguir entre patrón de violencia y una relación causal entre los casos. Desde la psicología se pueden analizar las semejanzas entre los casos, las circunstancias en las que ocurrieron y los factores sociales que pudieron haber contribuido”, aclaró la profesional.

  • Sobre la manera de prevenir la violencia hacia las mujeres, señaló que, según los factores de riesgo descritos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las señales preventivas difundidas en Paraguay, pueden observarse las siguientes conductas en una persona que ejerce violencia contra una mujer:
  • Aislamiento social: busca alejarla de sus familiares, amistades y redes de apoyo.
  • Antecedentes de violencia: presenta episodios anteriores de agresión física, psicológica o sexual, o incumple medidas de protección.
  • Falta de respeto por los límites: no acepta que la mujer tome sus propias decisiones ni que termine la relación.
  • Acoso y vigilancia: la sigue, controla sus comunicaciones o insiste en contactarla contra su voluntad.
  • Amenazas graves: amenaza con hacerle daño o matarla, especialmente si estas amenazas se acompañan de antecedentes de agresión.
  • Escalada de la violencia: las agresiones se vuelven más frecuentes o graves, particularmente durante una separación o después de ella.
  • “Si observamos algunos o la mayoría de estos indicadores, debemos prestar atención y alertar a la mujer víctima de ello, no dejar de apoyarla y acompañarla en el proceso”, apuntó.

Asimismo, se refirió a la importancia de la salud mental en un ambiente con tanta violencia. En ese sentido, expresó que la salud mental sufre un desgaste silencioso pero profundo en entornos donde la exposición a la violencia es constante, ya sea a través de las noticias, las redes sociales o el entorno en el que vivimos.

“Los profesionales de la salud mental coinciden en que el cerebro entra en un estado de alerta permanente o hipervigilancia, lo que detona ansiedad, estrés crónico y desensibilización”, manifestó.

Bienestar emocional

Para proteger el bienestar emocional en estos contextos, los especialistas recomiendan aplicar las siguientes estrategias divididas por áreas de acción:

• Limitar el tiempo diario dedicado a mirar noticias o scrollear en redes sociales. “Estar hiperinformado no nos hace más seguros; solo eleva los niveles de cortisol (la hormona del estrés)”, advirtió la entrevistada.

• El hogar debe ser un refugio físico y mental. “Se recomienda propiciar ambientes con estímulos positivos: música tranquila, orden, buena iluminación y momentos de desconexión tecnológica”, recomendó.

• Poner límites en las conversaciones: “Está bien decir: “Prefiero que cambiemos de tema; me está haciendo mal hablar de esto”. No es necesario debatir o escuchar detalles de tragedias todo el tiempo para estar conectado con la realidad”, resaltó.

• Buscar círculos de apoyo constructivos: “Rodearse de personas con las que se pueda hablar de proyectos, pasiones, humor y afecto, equilibrando la balanza frente a la hostilidad exterior”, apuntó.

. Practicar el anclaje (grounding): Cuando la sensación de peligro o la ansiedad aumenten, se sugiere conectar con el presente a través de los sentidos (por ejemplo, la técnica 5-4-3-2-1: identificar 5 cosas que ves, 4 que puedes tocar, 3 que escuchas, 2 que puedes oler y 1 que puedes saborear), enumeró.

También la técnica de la respiración es muy útil para bajar el nivel de ansiedad. • “La respiración lenta y profunda le manda una señal biológica al cerebro de que, en ese preciso instante, estás a salvo, desactivando el modo de ‘lucha o huida’”, acotó.

Reconocer cuándo buscar ayuda profesional

La exposición continua a la violencia puede derivar en trauma vicario (desgaste por empatía ante el sufrimiento ajeno). “Si notás síntomas como irritabilidad constante, desesperanza sobre el futuro, problemas para dormir o una sensación de vacío y anestesia emocional, un terapeuta puede brindarte herramientas personalizadas para procesar ese entorno y ayudarte en el proceso, es importante estar atentas, pedir ayuda y ayudar”, remarcó.

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