Desde el Ministerio de Salud se conmemora este lunes el Día Mundial de las Enfermedades Reumáticas, una fecha que recuerda la magnitud de un problema que es mundial. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 1.710 millones de personas viven con trastornos musculoesqueléticos, un conjunto de más de 150 afecciones que pueden provocar dolor persistente, dificultades para moverse y distintos grados de discapacidad. Estas enfermedades constituyen una de las principales causas de discapacidad en el mundo.
Entre las afecciones más frecuentes se encuentran:
- la artrosis
- la artritis reumatoide
- la artritis psoriásica
- la gota
- la espondiloartritis
- la osteoporosis
- la fibromialgia
- y el lupus eritematoso sistémico.
Algunas provocan el desgaste progresivo de las articulaciones o la pérdida de densidad ósea, mientras que otras se relacionan con procesos inflamatorios y alteraciones del sistema inmunológico que pueden afectar a distintos órganos.
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Pueden aparecer desde la infancia
Aunque algunas enfermedades reumáticas son más frecuentes a medida que avanza la edad, pueden afectar a personas de todas las etapas de la vida, incluidos niños, adolescentes y adultos jóvenes. La artrosis, por ejemplo, se presenta principalmente en personas mayores, pero también puede aparecer antes, especialmente tras lesiones articulares. La artritis reumatoide suele comenzar en la edad adulta y es más frecuente en mujeres.
La OMS estima que, en 2019, unos 18 millones de personas padecían artritis reumatoide en todo el mundo. Cerca del 70 % eran mujeres y el 55 % tenía más de 55 años. Sin embargo, la edad no excluye la posibilidad de desarrollar otras formas de artritis o enfermedades autoinmunes.
El dolor articular que no desaparece, la hinchazón, la rigidez y las dificultades para realizar actividades cotidianas son motivos para consultar con un profesional de la salud. Si estos síntomas aparecen junto con fiebre, decaimiento o malestar general, es importante buscar atención médica para determinar la causa y recibir el tratamiento adecuado.
Para controlar el dolor
Si bien muchas enfermedades reumáticas tienen una evolución crónica y requieren seguimiento prolongado, los avances médicos permiten controlar mejor la inflamación, aliviar los síntomas y preservar la movilidad.
De acuerdo con la OMS, el abordaje de la artritis reumatoide puede incluir medicamentos para controlar la actividad de la enfermedad, rehabilitación y, en casos de daño articular grave, procedimientos quirúrgicos. Entre las alternativas disponibles se encuentran los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad y las terapias biológicas, que actúan sobre componentes específicos de la respuesta inflamatoria. La elección depende del diagnóstico, la gravedad y la respuesta de cada paciente.
En el caso de la artrosis, la actividad física adaptada, el fortalecimiento muscular, el control del peso y el tratamiento indicado por el médico ayudan a reducir las molestias y mantener la función de las articulaciones. Cuando el daño es severo, una cirugía de reemplazo articular puede ser una alternativa.
Para proteger articulaciones
Según autoridades médicas, la alimentación saludable y variada, junto con la práctica regular de actividad física, contribuye a mantener la salud musculoesquelética y a reducir algunos factores de riesgo asociados a enfermedades degenerativas, como la artrosis.
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