La BBC News Mundo se hizo eco del operativo Mymba Kuéra, consistente en el rescate de más de 30.000 animales cuando se construyó la represa de Itaipú.
El material, elaborado por Alejandra Martins, recordó que el ingeniero agrónomo paraguayo Darío Pérez Chena lideró uno de los mayores rescates de fauna silvestre en la historia de América Latina.
El compatriota, quien entonces trabajaba para la Entidad Binacional Itaipú, dirigió el equipo que en 1982 salvó a miles de animales, entre monos, armadillos, víboras, tarántulas.
La construcción de la represa de Itaipú llevó nueve años y en ella trabajaron cerca de 40 mil personas. Para realizar las obras en terreno seco fue necesario excavar un canal para desviar temporalmente el río.
En 1982, finalizados los trabajos, todo estaba listo para abrir las compuertas del canal y comenzar a llenar el gigantesco embalse de la represa, de unos 1.350 km cuadrados.
Pero la zona que quedaría inundada estaba en un enorme ecosistema, el Bosque Atlántico del Alto Paraná, una de las áreas de biodiversidad más ricas del planeta. Alberga cerca de 20.000 especies de plantas y al menos 2.000 especies de animales, incluyendo jaguares y pumas, además de 400 especies de aves.
La construcción de Itaipú coincidió con una nueva era en ecología. Brasil y Paraguay asumieron la tarea de rescatar la fauna silvestre. En el lado paraguayo, el proyecto de recuperación de fauna fue llamado Mymba Kuéra, expresión guaraní que significa “los animales”.
Los preparativos para el rescate llevaron varios años, e incluyeron realizar un inventario de toda el área afectada en la que trabajaron botánicos, zoólogos e ingenieros forestales, entre otros.
“El relevo permitió constituir un gran archivo de la fauna paraguaya, contribuimos mucho al conocimiento sobre esa zona”, relató el ingeniero Pérez Chena a la BBC.
El inventario fue la base del operativo de rescate, que sería realizado por un equipo de 189 personas lideradas por Pérez Chena. Los rescatistas se desplazaban en lanchas y se comunicaban entre sí por radio, a menudo en guaraní.
“El personal fue muy bien seleccionado. Tratamos de llevar toda gente joven, no más de 40, 45 años, que sepa nadar, que tenga buena vista, buen oído”, recordó.
Además había un equipo de apoyo de otras 150 personas, entre médicos, enfermeros, pilotos de helicóptero, mecánicos y bomberos.
Los rescatistas fueron entrenados por técnicos brasileños y de otros países.
“Con ese bagaje de conocimiento y de recursos humanos nos largamos a la aventura un día 13 de octubre del año 82”, contó el agrónomo.
Aquel 13 de octubre se cerraron las compuertas del canal de desvío y comenzó a inundarse la zona del embalse.
Mientras el agua subía se inició el rescate de animales. Al comienzo se recuperaron pocos, pero la cifra aumentó rápidamente hasta alcanzar un máximo de más de 600 en un solo día. “Salvamos solamente los animales que no sabían nadar. Hemos salvado monas con su hijo pequeñito colgado en el cuello. Parecía que lloraban de perder su libertad”, relató el entrevistado.
Los trabajadores estaban entrenados para lidiar con animales agresivos o tarántulas y serpientes venenosas. “En cada lancha teníamos un kit con suero antiofídico para ser usado en casos de emergencia”, recordó.
Pérez Chena no esperaba tener que rescatar aves, pero también salvaron a muchas. “Encontramos aves en el agua chapoteando. Subían a las ramas de los árboles a buscar insectos y a veces se les mojaban las plumas de la cola, que es el timón. Tuvimos que comenzar a buscar jaulas especiales para recoger las aves”.
El operativo de rescate se prolongó hasta el 10 de enero de 1983.
“En total salvamos 27.150 animales. El 45 % fueron víboras. Y de esas la mitad eran ponzoñosas”.
En el lado brasileño había menos bosque y más áreas de cultivo, por lo que se rescataron menos animales, unos 11.000. “Si sumamos todo son casi 39.000 animales, un récord para América del Sur hasta hoy día”.
Muchos de los animales fueron trasladados a más de 100.000 hectáreas de áreas protegidas en el mismo ecosistema de Bosque Atlántico.
Cientos de víboras fueron enviadas al Instituto Butantán en Sao Paulo, un centro líder en investigaciones biológicas y en la elaboración de sueros antiofídicos y otros fármacos.
Algunos armadillos negros (o armadillos de seis rayas) acabaron en Japón.
Pérez Chena reconoce que, a pesar del vasto operativo, muchos animales no pudieron ser rescatados. “Hemos salvado a muchos animales, pero probablemente hayan muerto muchos más. Por ejemplo, insectos. No sabemos cuántos animales con su guarida bajo tierra pasaron a formar parte de la materia orgánica del suelo”, señaló.
Pérez Chena tiene ahora 87 años y vive en Asunción con su esposa Lucina. El matrimonio tiene cuatro hijos y 12 nietos.
El rescate de fauna de 1982 sentó las bases para reservas y proyectos de biodiversidad actuales como el Centro Ambiental Tekotopa de Itaipú, en la ciudad paraguaya de Hernandarias.
A lo largo de los años el operativo Mymba Kuéra ha tenido numerosos reconocimientos. “Fuimos galardonados con algunos títulos internacionales como grandes defensores de la naturaleza. Pero lo más lindo tal vez es que hemos hecho algo positivo por la biodiversidad de esa zona”.
Darío Pérez Chena cree que es importante seguir dando a conocer cómo fue aquel histórico rescate. “A veces la gente dice lo pasado pisado. Sin embargo, el pasado debe enseñar a no cometer los mismos errores”, dijo el ingeniero paraguayo a la BBC.

