Este 12 de setiembre se conmemora el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, por lo que el Arzobispado de Asunción insta a las familias a recordar el legado de Anita, además de derribar mitos para consolidar una cultura solidaria que salve vidas. Pidió dialogar sobre la importancia de la donación voluntaria y definió a la donación como un acto supremo de amor al prójimo.
El cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, hizo un llamado a la reflexión de la ciudadanía sobre el valor de dar vida en vida o trascender a través de la solidaridad tras la muerte. Invitó a cada uno de los paraguayos a hacer memoria y recordar la historia de pequeña Anita, niña que falleció a la espera de un corazón.
“La niña que esperaba un corazón terminó moviendo el corazón de todo un país. Anita vivió apenas seis años, pero dejó una huella que permanece y nos recuerda que donar órganos es un gesto de amor capaz de transformar el dolor en esperanza y brindar una nueva oportunidad de vida”, expresó el cardenal.
Resaltó que la pequeña no llegó a recibir el trasplante que necesitaba, pero su historia abrió un camino de esperanza para muchas otras personas que aguardan una oportunidad de vida en las listas de espera del Instituto Nacional de Ablación y Trasplante (INAT). “Anita fue una niña paraguaya cuya breve vida ayudó a transformar la conciencia de todo un país”, puntualizó.
La pequeña Ana Laura Almirón Riquelme tenía solo seis años, cuando en abril de 2013, falleció tras una larga e incansable espera por un trasplante de corazón. Pese a que no recibió el órgano, el impacto de su lucha abrió un camino de esperanza para los paraguayos mediante la promulgación de la Ley n.º 6170/2018, conocida popularmente como “Ley Anita”.
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