Grissel Cañete (27) comenzó a tocar el violín en el año 2012 y desde el 2019, año que terminó el colegio, comenzó a lanzarse como profesional. Además de desempeñarse como profesora de este instrumento, desde hace cuatro años se dedica a brindar un servicio especial: ambienta con música el último adiós a los seres queridos.
Comenzó de manera casual, cuando un colega le pidió que lo reemplazara en un velorio. Trabaja para una funeraria y es convocada cuando los clientes solicitan el servicio. Asimismo, realiza trabajos en funerales a pedido de particulares.
La violinista, residente en la ciudad de Lambaré, conversó con La Nación/NaciónMedia y compartió su experiencia en este trabajo. “Como violinista, toco en distintos eventos. Siempre me enfoqué en la enseñanza y en tocar en bodas, 15 años, ambientar cenas y distintas clases de eventos”, recordó.
Hasta que surgió la oportunidad de demostrar su talento en otro escenario. “Me tocó reemplazarle a un amigo en una funeraria que tiene la temática de incluir en sus planes el acompañamiento musical”, explicó.
Así se fueron dando las cosas y con el tiempo se fue afianzando. “Porque es importante encontrar el momento justo donde y cuándo tocar, y qué canciones”, indicó.
Al principio, le costó. “La primera vez que me pidieron, dije que no, porque es un momento muy fuerte, muy duro, porque cuando la gente escucha el violín, es el momento que se derrumba”, señaló.
Esto le hizo dimensionar la importancia de su trabajo, de la música en estos momentos tan difíciles de la vida. “Al principio me costó, pero fui encontrando métodos para concentrarme en mi trabajo y dimensionar el lugar donde estoy”, especificó.
Mencionó que actualmente esta modalidad es mucho más frecuente. “Yo no toco solamente en la empresa, como ya me conocen también me llaman para ir a acompañar misas y cultos y sin querer me hice un camino en esto”, refirió la joven.
El repertorio generalmente incluye temas suaves, lentos, pero también suele recibir algunos pedidos especiales de familiares. Entonces, como músico tiene que estar preparado y tener un repertorio abierto, sentenció la profesional.
“Yo busco alabanzas cristiana y canciones lentas clásicas como ‘A mi manera’, ‘Honrar la vida’. Pero ya me pidieron 13 Tuyutí para un abuelito y La Macarena para una señora porque dijeron que era muy alegre”, comentó.
En ocasiones, no ha podido abstraerse a la emoción de los familiares. “Hubo momentos que me ganó. Hay escenarios que cuestan más. Cuando son adultos es un ambiente más resignado, pero en caso de niños es más difícil”, apuntó.
Destacó que la gente, pese a su dolor, es muy agradecida. “Es difícil, pero satisfactorio, ayudar a las personas en un momento vulnerable”, expresó.
El servicio dura entre 20 a 30 minutos. “Hay personas que quieren despedir a su ser querido con música de fondo en el salón. Pero también al momento de sellar el féretro. En el cementerio, cuando se dirigen algunas palabras o cuando se baja el féretro”, acotó.
Por otro lado, anunció que próximamente formará parte de una orquesta que se está formando en las Fuerzas Armadas.
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