El doctor Pablo Lemir, forense del Ministerio Público, brindó detalles de la autopsia realizada a los cuerpos de los fallecidos en el ataque al puesto policial de Naranjito. En el caso del suboficial Herminio Ojeda González (33), afirmó que no hay dudas de que se trató de un disparo de ejecución, con un tiro en la cavidad bucal, que se constató por el ahumamiento que tiene la lengua.
“El arma metida en la boca es un disparo de ejecución. Independientemente de eso, también tenía una herida de disparo de atrás para adelante en el tórax, con tres orificios, posiblemente esquirlas”, informó a los diferentes medios de comunicación.
En el segundo de los casos, el del suboficial Atilio Martínez Barrios (40), también presenta dos heridas por proyectiles de armas de fuego. “Una de ellas en la axila, que provocó la lesión de grandes bazos, con una hemorragia masiva que le causó la muerte. Posterior a ese disparo, recibió como un tiro de gracia en la cabeza, de izquierda a derecha, a una corta distancia”, se explayó.
Añadió que ambos cuerpos presentaban quemaduras importantes de segundo y tercer grado en la región frontal, mientras que las vestimentas estaban quemadas y adheridas al cuerpo.
En el caso de Josemar Escobar Piris (37), civil que fungía de secretario de los agentes policiales, el médico refirió que la evaluación del cuerpo determinó que recibió un único disparo, que ingresó por la región lumbar y salió por el rostro.
Según las evidencias forenses, el civil habría sido alcanzado mientras intentaba resguardarse durante el ataque armado. A diferencia de los dos agentes de la Policía Nacional, no presentaba un tiro de gracia, indicó Lemir.
La investigación sigue en curso para esclarecer la secuencia del atentado.

