La feligresía católica celebró este domingo la fiesta de Corpus Christi en las diferentes parroquias del país. En la Catedral Metropolitana, el cardenal Adalberto Martínez pidió en su homilía que nunca falte el pan en nuestras mesas ni la solidaridad en nuestros corazones y oró por los sacerdotes de nuestro país y por las vocaciones sacerdotales.

“En esta Eucaristía queremos orar especialmente por nuestros sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales. Que nunca falten hombres generosos que respondan al llamado del Señor”, expresó el religioso.

Añadió que la solemnidad de Corpus Christi nos invita a redescubrir la belleza y dignidad de las celebraciones litúrgicas. “La Eucaristía es el tesoro más grande de la Iglesia y merece ser celebrada con amor, preparación, respeto y profundo sentido de fe”, reflexionó.

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En ese sentido, manifestó que las celebraciones eucarísticas no deberían ser apresuradas ni rutinarias. “La Santa Misa no es una obligación que cumplir rápidamente. Cuando celebramos con recogimiento, dignidad y devoción, ayudamos a que los fieles descubran la grandeza del misterio que estamos celebrando”, puntualizó.

El pan de cada día

Por otra parte, explicó que esta fiesta invita a los creyentes a mirar la realidad de nuestro mundo, como las dificultades que enfrentan muchas familias para para llevar el pan cotidiano a sus mesas. “En este Corpus Christi pedimos al Señor que nunca falte el pan en nuestras mesas ni la solidaridad en nuestros corazones”, rogó.

El cardenal oró de manera especial por los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales. Foto: Gentileza

Pero aclaró que existen otras hambres que afectan profundamente al ser humano como el hambre de paz, de verdad, de justicia, de esperanza y de Dios. “Cristo, pan vivo bajado del cielo, viene a responder a estas necesidades”, expresó.

Luego apuntó que la procesión del “cuerpo de Cristo” no termina en el templo. “Continúa cuando llevamos a Cristo a nuestros hogares, lugares de trabajo, centros educativos y ambientes cotidianos, mediante nuestras palabras y obras”, precisó.

En el mismo sentido, resaltó que El Señor continúa haciéndose presente en cada misa “para alimentar a su pueblo, fortalecer nuestra fe, sostener nuestra esperanza y acrecentar nuestra caridad”.

Amantes de la Eucaristía

En otro momento de su sermón recordó que nuestra beata María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga, encontró en Jesús Eucaristía la fuente de su alegría, de su fortaleza espiritual y de su entrega generosa a los hermanos. “Su vida nos recuerda que la santidad nace del encuentro cotidiano con Cristo”, sentenció.

Asimismo, se refirió al siervo de Dios Julio César Duarte Ortellado mencionando que el sacerdote paraguayo cultivó un profundo amor a la misa y a la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, “descubriendo en la eucaristía la fuerza para vivir con fidelidad su vocación cristiana”, acotó el cardenal.

Igualmente, mencionó a San Roque González de Santa Cruz, primer santo paraguayo y gran misionero de estas tierras. “Comprendió que la eucaristía era el tesoro más grande que podía ofrecer a los pueblos que evangelizaba”, indicó Martínez.

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