Durante años, la obesidad avanzó de la mano del sedentarismo y la mala alimentación hasta convertirse en una epidemia global. Hoy, en cambio, la irrupción de medicamentos considerados “milagrosos” para adelgazar cambió el escenario: miles de personas logran perder peso rápidamente casi sin esfuerzo. Sin embargo, especialistas alertan sobre un peligro que pasa desapercibido: bajar kilos sin hacer ejercicios también puede significar perder masa muscular y comprometer la salud.

Desde el Ministerio de Salud Pública recordaron este miércoles que Paraguay enfrenta altos índices de sobrepeso y obesidad. Según la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2022), el 37,3 % de los adultos tiene sobrepeso y el 32,4 % obesidad. Además, más de la mitad de la población mantiene hábitos sedentarios y el 36,3 % no realiza suficiente actividad física.

Tratamientos farmacológicos como la semaglutida, la tirzepatida y otros análogos del GLP-1 ganaron protagonismo al ofrecer resultados que hasta hace pocos años parecían imposibles. Estudios internacionales reportaron pérdidas superiores al 15 % del peso corporal, junto con mejoras en diabetes tipo 2 y salud cardiovascular.

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Pero detrás de la caída acelerada de kilos aparece una advertencia cada vez más fuerte desde la comunidad médica: no todo el peso que se pierde es grasa.

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El músculo, la gran víctima oculta

Desde Salud Pública señalan que el verdadero desafío no consiste únicamente en adelgazar, sino en reducir grasa corporal sin deteriorar la masa muscular.

Investigaciones recientes indican que entre el 25 % y el 40 % del peso perdido con tratamientos intensivos puede corresponder a masa magra, incluyendo músculo. Y esto no es un detalle menor ya que el músculo cumple un rol clave en el metabolismo, ayuda a controlar la glucosa, mejora la sensibilidad a la insulina y mantiene el gasto energético del organismo.

La pérdida excesiva de masa muscular puede derivar en cansancio, debilidad física, menor capacidad funcional e incluso aumentar las probabilidades de recuperar el peso perdido con el paso del tiempo.

Inyecciones no reemplazan al ejercicio

La advertencia coincide con publicaciones científicas recientes, como un artículo de la revista JAMA, que remarca que los análogos del GLP-1 son herramientas eficaces para bajar de peso, pero no sustituyen la actividad física.

Especialistas insisten en que combinar estos medicamentos con entrenamiento de fuerza o ejercicios de resistencia resulta fundamental para preservar músculo, mejorar la salud metabólica y reducir el llamado “efecto rebote”.

Ejercicios con pesas, bandas elásticas o incluso utilizando el propio peso corporal pueden ayudar a mantener e incrementar la masa muscular mientras se pierde grasa. Además, el entrenamiento de fuerza aporta beneficios adicionales como mayor movilidad, mejor salud ósea y mejor calidad de vida, especialmente en adultos mayores.

La nueva generación de fármacos cambió la manera de tratar la obesidad, pero médicos advierten que adelgazar rápido y sin actividad física puede esconder un costo silencioso para el cuerpo.

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