“Que los estadios y canchas de nuestro país dejen de ser escenarios de división y violencia para transformarse en espacios para alegría del encuentro”, remarcó la Pastoral del Deporte de la Arquidiócesis de la Santísima Asunción a través de un comunicado emitido este lunes, en que expresa su preocupación ante los hechos de violencia registrados en el juego entre Olimpia y Cerro Porteño en el estadio Defensores del Chaco, e invita a renovar el compromiso con una cultura de paz, respeto y fraternidad en el ámbito deportivo.

El deporte, y en particular el fútbol, es un espacio privilegiado de encuentro, de formación humana y de fraternidad. Como nos ha recordado el papa Francisco, el fútbol es ante todo un juego que involucra a la persona en su totalidad (cuerpo y alma) y que debe ayudar a crecer en valores, a compartir con otros y a construir comunidad”, señala el documento difundido en redes sociales.

“Romper esa armonía con violencia es despojar al ser humano de su capacidad de crear belleza a través del esfuerzo compartido. Por ello, reafirmamos que el deporte está llamado a ser escuela de paz, de amistad social y de bien común. Debe animarnos a competir con nobleza, a respetarnos mutuamente y a vivir la alegría del encuentro, reconociendo en el otro a un hermano y no a un enemigo”, detalla la nota, a partir del juego suspendido a los 30 minutos por disturbios iniciados por barras bravas.

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La Arquidiócesis ratifica su firme rechazo a “toda forma de violencia, agresión o desorden que contradiga el espíritu genuino del deporte y que hiere la convivencia social. Estos hechos no solo afectan el desarrollo de una competencia, sino que debilitan los valores que el deporte está llamado a promover. Como Iglesia, invitamos a todos jugadores, dirigentes, hinchas, familias y organizadores— a renovar su compromiso con una cultura del encuentro, donde el deporte sea verdaderamente un espacio de educación en valores, de respeto y de fraternidad”.

Finalmente, la Iglesia clama para que “los estadios y canchas de nuestro país dejen de ser escenarios de división y violencia para transformarse en lugares de convivencia. No permitamos que la pasión por un color nuble la visión de nuestra humanidad compartida. El verdadero triunfo no se mide en el marcador, sino en nuestra capacidad de volver a casa en paz, habiendo honrado el don del encuentro. Encomendamos a todos los involucrados a la protección de Dios, y pedimos que, a través del deporte, sigamos construyendo caminos de paz, unidad y esperanza para nuestra sociedad”.

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