Cuando todavía no despunta el alba, mucha gente llega hasta un mantial, río o arroyo para seguir manteniendo viva una tradición que perdura en tiempo, aunque cada vez menos gente la practique. El ritual de purificación antes del amanecer del Viernes Santo, consiste en bañarse antes de que salga el sol.

Con la llegada del Viernes Santo, numerosas tradiciones profundamente arraigadas en la cultura paraguaya volvieron a manifestarse en distintos puntos del país, combinando fe, costumbre y espiritualidad en una jornada marcada por el recogimiento.

Desde la madrugada, centenares de personas acudieron a ríos, arroyos y nacientes para cumplir con el tradicional baño antes de la salida del sol, un ritual que simboliza la purificación del cuerpo y del alma. En la ribera del río Paraguay, en Mariano Roque Alonso, familias enteras se congregaron en silencio para participar de esta práctica transmitida de generación en generación.

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Los fieles sostienen que el agua al amanecer posee un carácter especial, asociado a la limpieza de pecados, la renovación de la fe y la búsqueda de salud, en una tradición que mezcla elementos del catolicismo popular con creencias ancestrales. Las oraciones al borde del agua y el ambiente de respeto refuerzan el carácter espiritual de este acto.

Visitar a los difuntos

Otra de las costumbres que se mantiene vigente es la visita a los cementerios, donde, ya avanzada la mañana, numerosas familias acudieron para honrar a sus difuntos, limpiar tumbas, llevar flores y elevar plegarias. Este gesto convierte la jornada en un espacio de memoria y encuentro familiar, además de reflexión sobre la pasión y muerte de Cristo.

Asimismo, en algunas comunidades persiste la tradición de subir cerros, evocando el camino de Jesús hacia el Gólgota, como expresión de sacrificio y devoción.

A pesar de los cambios sociales, estas prácticas continúan firmes, evidenciando que en Paraguay la religiosidad popular sigue siendo un componente esencial de la identidad cultural, especialmente durante la Semana Santa, cuando la fe se vive de manera intensa y comunitaria.