El promedio de vida en el mundo en el siglo XIX era de entre 30 y 40 años, pero luego del descubrimiento de los antibióticos, en el siglo XX aumentó la expectativa a entre 65 y 70 años, y el promedio actual es entre 72 y 57 años, con muchos casos que superan los 80.
Cada vez hay más personas de edad, “pero escuchar la palabra envejecimiento puede sonar a alerta”, advierten desde el Ministerio de Salud Pública, aunque “llegar a los 40 años no es una cuesta abajo, sino un nuevo punto de partida”, aseguran. Es decir, mirar esta etapa como la ideal para hacer cambios y seguir con bienestar por muchos años más es la recomendación dada.
También recordaron que desde la Organización Mundial de la Salud aseguran que gran parte de las enfermedades crónicas no transmisibles se pueden prevenir, por eso, según datos del Instituto Nacional de Estadística, cada vez son más los paraguayos mayores de 40 años, un grupo clave para el desarrollo del país.
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“La nueva longevidad no se trata de llegar a viejo sin arrugas, sino de llegar con autonomía, con amigos y con ganas de seguir construyendo”, revelan. Por tanto, las personas que tienen 40, 50 o 60 años tienen una invitación a cambiar, buscando con quién compartir un hábito saludable.
Recomendaciones
Estos consejos importantes dados desde la cartera sanitaria pueden resultar más que interesantes a la hora de encarar una nueva forma de vida:
- Acercarse a una Unidad de Salud de la Familia (USF) más cercana, no solo para un chequeo, sino para preguntar qué grupos de actividad física o de apoyo hay.
- Organizar con los vecinos para que la cuadra esté limpia. La concienciación y la realización de medidas preventivas, especialmente para evitar criaderos de mosquitos.
- Valorar la sabiduría del cuerpo y compartir la experiencia con los más jóvenes. La salud se contagia, y el mejor remedio es una comunidad unida y activa.
La mejor medicina
El cuidado del vecino y la movilización comunitaria es escencial, por eso el ministerio recomienda aplicar estas tres estrategias para mejorar la salud.
1) De la hipertensión al “Club de la olla saludable”: en vez de esperar a que suba la presión arterial, se puede organizar con los vecinos del barrio o los compañeros del trabajo para aprender recetas paraguayas con menos sal. Probar nuevas versiones de la chipa, o incluso unos bollitos de mandioca cocida o el chipa guasú, que son más digestivos y llenan de energía.
2) Del colesterol a las “Caminatas alrededor de la manzana”: el colesterol es una señal de que el cuerpo necesita moverse. Pero moverse en comunidad es más fácil. En varios barrios están impulsando grupos de zumba o caminatas después de las 5 de la tarde. Salir con los vecinos no solo reduce el nivel de colesterol, sino que también fortalece lazos de amistad y brinda felicidad. Eso es medicina social.
3) De la diabetes a la “Huerta comunitaria”: la resistencia a la insulina se combate con movimiento y buena comida. Cultivar las propias verduras y hortalizas reduce el estrés, ofrece alimentos frescos y devuelve el orgullo de lo hecho por uno mismo.
“A pesar de las dificultades, la participación social es el motor del cambio. Cuando las comunidades se empoderan, los resultados en salud mejoran notablemente”, recuerdan.
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Secretos prácticos
Existen detalles en la rutina diaria de los cuales debemos tomar nota y reflexionar. Por ejemplo:
- Fortalecer los músculos no es solo ir al gimnasio; es bailar danza paraguaya en la plaza, es jugar al fútbol con los hijos o cargar las bolsas del mercado entre risas.
- Cuidar la memoria es organizar un club de lectura en la biblioteca pública o juntarse a jugar truco o ajedrez. El roce social es el mejor gimnasio para el cerebro.
- El dolor de espalda se alivia con pausas activas en el trabajo, algo que se puede proponer como grupo de compañeros.

