En Paraguay, muchas historias de esfuerzo y resiliencia transcurren lejos de los reflectores. La de Daisy Guerrero es una de ellas: una madre soltera que enfrenta, prácticamente sola, el desafío de cuidar a su hijo de 11 años, cuya condición de salud requiere atención permanente.

Jesús Daniel Guerrero cursa el sexto grado, pero su rutina dista mucho de la de otros niños de su edad. Nació con mielomeningocele abierto, tiene una válvula implantada, padece vejiga neurogénica y ya fue sometido a nueve cirugías. Su día a día implica cuidados constantes: debe ser sondado cada tres horas, utiliza varios pañales al día y depende de medicamentos para sostener su calidad de vida.

A pesar de ese escenario, intenta llevar una vida lo más normal posible. Va a la escuela, comparte con sus compañeros y, como cualquier niño, quiere jugar. Sin embargo, las limitaciones físicas y el contexto económico muchas veces se interponen.

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Ayer, por ejemplo, él ya preparó todo su uniforme, pero yo no sabía cómo decirle que no tenía para su merienda”, relató su madre, reflejando una realidad que se repite con frecuencia. Aun así, lo acompaña todos los días a la escuela, sosteniendo no solo sus cuidados médicos, sino también su desarrollo emocional.

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Daisy trabaja, cuida y resuelve, en soledad, cada aspecto de la vida de su hijo. La carga no es solo física, sino también emocional. “Como mamá tengo que aguantar todo esto sola”, expresó, evidenciando el peso de una responsabilidad que no se detiene.

El caso también expone una realidad más amplia: la de muchas familias que enfrentan enfermedades complejas sin una red de apoyo suficiente. En estos contextos, los costos médicos, los insumos diarios y las necesidades básicas se convierten en desafíos permanentes.

Más allá de las dificultades, la historia de Daisy y Jesús Daniel es también una muestra de perseverancia. Sin embargo, su situación requiere acompañamiento. El acceso a insumos médicos, alimentos y apoyo económico puede marcar una diferencia concreta en su calidad de vida.

En medio de esa realidad, cualquier ayuda puede significar un alivio. Porque, aunque la lucha es diaria, no debería ser en soledad. Para ayudarlos, podés contactar al 0981 482 868.

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