Los niños “esponja” son aquellos que tienen una capacidad única para absorber las emociones y energías de los demás, al igual que una esponja absorbe el agua.

Son muy sensibles y empáticos, y pueden captar las emociones y sentimientos de los adultos y de su entorno. Así lo explicó la doctora Sonia Jazmín Bustos, psicóloga clínica infantil, en conversación con La Nación/Nación Media.

“Se llaman así porque tienen una capacidad para absorber las emociones y energías de los demás, lo que puede afectar su propio estado emocional. Pueden ser muy compasivos y empáticos, pero también pueden ser muy sensibles y vulnerables a las emociones y energías negativas”, detalló.

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Pueden manifestar su sensibilidad de diferentes maneras, como: ser muy sensibles a los sonidos y luces fuertes. Sentirse abrumados por las multitudes o situaciones estresantes. Tener dificultades para distinguir entre sus propias emociones y las de los demás. Ser muy influenciables y sugestionables, citó la especialista.

Los riesgos que corren

Si no se maneja de manera adecuada, los niños esponja pueden correr riesgos como desarrollar ansiedad o depresión. Tener dificultades para establecer límites saludables. Sentirse abrumados y estresados. Desarrollar patrones de comportamiento negativos, advirtió la profesional.

También se refirió a la forma de ayudar a estos niños. “Podemos establecer límites claros y saludables; enseñarles habilidades de afrontamiento para manejar las emociones y energías negativas; fomentar la autoestima y la confianza en sí mismos. Proporcionar un entorno seguro y acogedor, modelar comportamientos saludables y positivos”, especificó.

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