El abandono social, la falta de firmes políticas públicas para erradicarla y la carencia de valores éticos, figuran entre los factores determinantes de la persistencia de la violencia en la sociedad. El buen trato debe ser cotidiano, según expertas.

Por Adriana Zacarías (adriana.zacarias@gruponacion.com.py).

A menudo -y como si esto fuera costumbre en la actualidad-, vemos, escuchamos y leemos casos de extrema violencia en todas sus formas. Incluso la intolerancia en la calle y en las redes sociales. Es así como surge la pregunta sobre sus orígenes y causas.

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Para la psicóloga Santy Enriquez, con el paso del tiempo no hemos aprendido a convivir como sociedad libre de violencia. Al tiempo que describe que se impone como medio de dominio sobre otro para lograr algo, y es ejercida de manera deliberada.

Entre los tipos de violencia se reflejan los de índole intrafamiliar, física, emocional o psicológica, violencia de género (la ejercida contra mujeres exclusivamente), violencia económica, violencia sexual, violencia laboral.

Por su parte, la psicoterapeuta Marcelina Vera define a la violencia como una invasión al espacio del otro con la finalidad de causarle daño, lo cual indefectiblemente deja una huella dolorosa.

El bienestar integral es lo que se opone a la violencia, es decir, según Enriquez, el ser humano tiene varias dimensiones biológicas, espirituales y psicosociales, lo cual plenamente equilibradas, impiden la aparición de violencia.

Cultura de la transgresión

Respecto a sus causas, Vera sostiene que se delimitan en violencia estructural: factores socio económicos y políticos, es decir, la inequidad social es un factor determinante.

“Se suman además factores culturales como los modelos de educación, disciplina, y modelos de convivencia familiar autoritarios, las inequidades de género, la discriminación étnica y cultural, así como también los medios masivos de comunicación, por la promoción de modelos de éxito social basados en el poder obtenido a cualquier costo”, evalúa.

Por otro lado, critica la falta de políticas públicas fuertes para erradicarla. “A nivel político se ven las carencias de políticas públicas para atención integral a las personas, el descrédito y deterioro moral de las instituciones, y la impunidad de los actos ilegales que han hecho que se instale como una ‘cultura de la transgresión’ en nuestra sociedad”, afirmó la psicóloga Marcelina Vera.

El transgredir reglas, normas, se ha vuelto cotidiano. Basta mirar el tránsito vehicular a diario, alega. La inestabilidad en las relaciones familiares y carencia de normas, también figuran en el mapa de causas.

Patrones de autoritarismo

En palabras de Vera, la relación entre conflicto y violencia forma parte de la historia de la humanidad, sin embargo, la violencia es percibida como un problema creciente en la convivencia social actual.

De este modo, afirma que la dinámica relacional de la violencia se enraíza en las familias y en sus interacciones y prácticas cotidianas, lo cual se reproduce socialmente. Actos de abuso de poder y autoritarismo, a su decir, legitiman su percepción en las víctimas.

“Parecería como que los actuales avances tecnológicos, de las ciencias, y en todos los órdenes, lo que permiten es visibilizar más este fenómeno tan antiguo como la humanidad. Pero en contrapartida, no van de la mano con un avance en cuanto a conciencia y cuidado de la salud mental, que permitan al menos minimizar este mal de la violencia”, consideró.

La terapia como opción

“Como psicóloga puedo hablar de la psicoterapia que en general trabaja y propicia el bienestar de la persona, y particularmente creo en la posibilidad de cambiar estilos o patrones de conducta violenta sobre todo si la persona misma busca y coopera con ese proceso”, precisó Vera.

Sin embargo, es necesario también analizar el contexto general en el que la persona se desenvuelve. Mencionó que se debe trabajar en la prevención, puesto que la violencia emocional daña de por vida y altera la conducta del afectado o afectada. En el caso de niños violentados, los conducen a limitaciones en su capacidad para lograr un ajuste personal y social.

Violencia naturalizada

“Muchas veces la violencia está naturalizada, como que la sociedad no la ve, y acepta como si fueran parte de la vida a esas situaciones de violencia, tanto estructural, como las otras formas de violencia: contra las mujeres, el maltrato infantil, etcétera”, expuso.

Percibimos una situación de violencia recién cuando la tolerancia se quiebra y lo vemos reflejado en actos extremos como la muerte y aparecen en los medios masivos y redes sociales.

Ética

Los medios masivos de comunicación difunden casos de violencia, por su propia naturaleza noticiosa. Lo que Vera cuestiona es la difusión de antivalores especialmente entre los jóvenes, quienes se encuentran en una etapa vulnerable en el que aún no asumen con certeza la importancia e implicancia de los valores en la vida consuetudinaria.

“Al mismo tiempo es bueno también decir que estos mismos medios de prensa pueden ser una formidable herramienta para el cambio social hacia modelos de convivencia pacífica, que eduquen para la paz, para una convivencia más humana y respetuosa, donde se incorporen las expresiones de afecto, el aprendizaje de habilidades sociales, que hagan énfasis especialmente en el manejo de sentimientos y emociones, el uso de la empatía y la comunicación asertiva, así como medios de resolución pacífica de conflictos”, reflexionó.

Por último, exhortó a que todos se involucren en la lucha por erradicarla, dando el ejemplo de buenas prácticas y buenos modales: “Creo que todos desde el lugar que ocupamos, podemos contribuir a minimizarla con pautas de relaciones afectuosas, incorporando siempre el buen trato, la ternura. Nunca es tarde para hacer esos cambios”, finalizó.

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