- Jesica Barreto
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La vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Susana Cordeiro Guerra, destaca la estabilidad macroeconómica y la reducción de la pobreza y señala que el país debe convertir esas fortalezas en mayor inversión, productividad y empleos de calidad. Energía, infraestructura, capital humano, valor agregado y participación privada aparecen como claves para la próxima etapa.
Paraguay atraviesa un momento que puede marcar el inicio de una nueva etapa económica. Después de una década en la que construyó credibilidad y estabilidad macroeconómica, sumó crecimiento sostenido y alcanzó el grado de inversión. Ahora tiene la oportunidad de conseguir que esas fortalezas se traduzcan en mayor productividad, mejores empleos, más ingresos y, finalmente, en una mejora concreta de las condiciones de vida de la población.
Esa es la lectura de Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, quien visitó nuevamente Paraguay y conversó con La Nación / Nación Media sobre los avances alcanzados y cómo el país puede dar el próximo salto.
“Paraguay está en una posición muy fuerte para hacer un salto cuantitativo, para lograr una gran inflexión”, sostuvo la ejecutiva, al destacar la evolución de los principales indicadores económicos. Cordeiro Guerra señaló que durante sus distintas visitas pudo observar un avance importante en la credibilidad macroeconómica del país, acompañado por un crecimiento sostenido durante los últimos tres años.
Pero el siguiente capítulo, según plantea, debe construirse sobre lo conseguido. La estabilidad debe convertirse en una plataforma para generar nuevas inversiones y oportunidades.
DE LA ESTABILIDAD AL CRECIMIENTO INCLUSIVO
Uno de los principales avances que destacó Cordeiro Guerra es la reducción de la pobreza. En dos años, la tasa pasó del 24 % al 16 %, mientras unas 300.000 personas salieron de esa condición. Para la vicepresidenta del Banco Mundial, la magnitud y velocidad de esta reducción resulta especialmente significativa frente a otros procesos similares registrados en la región.
El resultado, explicó, estuvo asociado a una mejora del gasto público, es decir, a una mayor eficiencia del Estado, una mejor focalización de los programas sociales y esfuerzos de descentralización para llegar a las poblaciones más vulnerables, de zonas rurales y remotas. A esto se sumó un factor decisivo: la generación de empleo.
El desafío ahora es lograr que esa reducción de la pobreza se transforme en una tendencia estructural. Para ello, Paraguay necesita que el crecimiento genere oportunidades de manera sostenida y que la mejora de los indicadores macroeconómicos tenga una traducción cada vez más visible en la vida cotidiana de las familias. “Hay que convertir esa credibilidad macroeconómica en proyectos bancables y una mayor atracción de inversión extranjera directa”, afirmó.
Paraguay acaba de alcanzar el grado de inversión y cuenta, según Cordeiro Guerra, con spreads o precios de compra y venta de activos financieros entre los menores de la región. Sin embargo, la ejecutiva advierte que los mismos factores que permitieron construir la estabilidad macroeconómica deben sumarse a otros para producir el “step change” o salto cuantitativo que requiere la siguiente fase de desarrollo.
MÁS INVERSIÓN Y MEJOR AMBIENTE DE NEGOCIOS
En este punto, la agenda incluye una serie de condiciones que deben acompañar al crecimiento. Empezando por la infraestructura como un factor habilitante. Paraguay puede fortalecer su conectividad física y logística, con mejores carreteras, transporte y puertos, para integrarse de manera más eficiente con la región y facilitar la circulación de bienes.
A esto se suma el fortalecimiento del ambiente de negocios. Gobernanza, instituciones y capacidad de implementación serán determinantes para que las oportunidades puedan convertirse efectivamente en proyectos.
Para Cordeiro Guerra, la participación del capital privado tendrá un papel cada vez más relevante. Es clave utilizar las inversiones públicas como una herramienta capaz de movilizar mayores recursos privados hacia sectores estratégicos.
PRODUCIR, TRANSFORMAR Y GENERAR VALOR
Otro de los cambios que puede impulsar a Paraguay está relacionado con su estructura productiva. El país posee ventajas comparativas importantes en sectores como la agricultura, pero una parte significativa de la transformación y del valor agregado todavía se realiza fuera de sus fronteras. La apuesta, según explicó, debe ser avanzar desde una economía basada principalmente en commodities hacia un modelo que incorpore más transformación, tecnología e innovación dentro del país. La oportunidad está en producir y transformar en Paraguay aquellos bienes y servicios en los que el país cuenta con ventajas, generando así mayor valor agregado y empleos de mayor productividad.
Este cambio es particularmente importante en un contexto internacional de reordenamiento de las cadenas de valor, que puede abrir nuevas oportunidades para países capaces de ofrecer condiciones adecuadas para atraer inversiones y desarrollar producción.
LA VENTANA DEMOGRÁFICA
La otra gran ventaja para sostener el crecimiento está en las personas. Cordeiro Guerra considera que Paraguay todavía dispone de una ventana de oportunidad demográfica y que debe ser aprovechada mediante una inversión sistemática en capital humano.
Educación y salud aparecen entre los principales desafíos. En educación, la ejecutiva pone énfasis en los aprendizajes fundamentales, pero también en el desarrollo de habilidades que permitan a los jóvenes insertarse en el mercado laboral. Resalta que son necesarias capacidades técnicas y competencias que faciliten el acceso al primer empleo y permitan que la formación adquirida en la escuela se traduzca en oportunidades laborales.
La conexión entre educación, empleabilidad y productividad será, de acuerdo con esta visión, uno de los motores de la segunda fase del crecimiento paraguayo.
UNA ALIANZA DE OCHO AÑOS
Esta agenda forma parte del nuevo Marco de Alianza 2027-2034 del Banco Mundial, una estrategia de ocho años que coloca al sector privado en el centro. El esquema contempla dos grandes ejes. Por un lado, las condiciones habilitantes, con inversiones en infraestructura física, logística, conectividad y capital humano, especialmente en salud y educación. Por otro, la movilización de inversión privada y el fortalecimiento de las cadenas de valor en sectores donde Paraguay posee ventajas comparativas.
Las nuevas oficinas del Grupo Banco Mundial en Paraguay acompañan este cambio de enfoque. La intención es acercar cada vez más el trabajo del brazo público y privado de la institución para que ambos puedan complementarse y multiplicar el impacto de las inversiones.
El resultado esperado no se limita a una cifra de desembolsos. “Queremos mover la aguja”, afirmó Cordeiro Guerra. Eso implica medir el impacto en términos de movilización de capital privado y, especialmente, en la generación de más y mejores empleos, con mayor productividad.
PARAGUAY, COMO EJEMPLO REGIONAL
La vicepresidenta del Banco Mundial considera que Paraguay puede convertirse en un caso demostrativo para otros países de América Latina. Para ello identifica tres grandes transformaciones. La primera es convertir la credibilidad macroeconómica en mayor productividad. La segunda, pasar de un esquema de financiamiento predominantemente público a uno capaz de movilizar sistemáticamente capital privado. Y la tercera, avanzar desde una economía basada en recursos naturales hacia una economía con mayor valor agregado e innovación.
El contexto regional y global puede jugar a favor. Los cambios demográficos, el reordenamiento geopolítico y la transformación de las cadenas de valor abren oportunidades que Paraguay puede aprovechar si consigue consolidar las reformas necesarias. “Paraguay como una ventana para el mundo”, resumió Cordeiro Guerra al explicar la apuesta del Banco Mundial.
Para la ejecutiva, el proceso no depende de un único actor. Requiere alianzas dentro del país, cooperación regional y acompañamiento internacional. El Grupo Banco Mundial, sostuvo, busca aportar experiencia y conocimiento internacional, pero también aprender de Paraguay y de las experiencias que pueda desarrollar.
El punto de partida, entonces, está dado por una economía que logró construir estabilidad, reducir la pobreza y mejorar su posición internacional. El desafío de la próxima etapa será que esa fortaleza se convierta en productividad, inversión, empleos de calidad y oportunidades para una población que todavía tiene por delante una ventana demográfica para aprovechar,

