Se espera que amplíe relevancia en el futuro, transformando el mercado local y siendo un factor de desarrollo económico.
El gobierno de Santiago Peña emprendió un cambio de paradigma en el sector energético, con la puesta en marcha de dos proyectos cruciales, como el de la conformación del ente regulador para el mercado local y la elevación del Viceministerio de Minas y Energías a Ministerio. Se espera que esta decisión tenga un impacto de amplia relevancia en el futuro, transformando el mercado local y siendo un factor de desarrollo económico.
“Es un paso relevante, fundamental, que hasta considero más importante que el resultado de la revisión del Anexo C (de Itaipú), porque estos pasos hacen a la vida diaria, cotidiana de la sociedad paraguaya entera, para el presente y el futuro, es un cambio paradigmático”, afirmó el consultor Guillermo López Flores, en conversación mantenida con La Nación Media.
Entre otras cosas, de acuerdo a sus consideraciones, dijo que hay un cambio en el enfoque del ámbito energético, orientando los esfuerzos a la generación de desarrollo. “Este planteo del Gobierno dice la energía eléctrica prioritariamente tiene que destinarse al desarrollo de la industria y la economía paraguaya y lo que sobre podemos sacar la mayor renta posible”, sostuvo.
Otro punto importante abordado por el especialista corresponde a las inversiones para seguir brindando servicios de calidad. “Se asume la realidad presente, el Estado, la Administración Nacional de Electricidad (Ande), ya no tienen condiciones de financiar las principales obras de expansión para atender la demanda futura, hay que encargar esa tarea al sector privado”, indicó.
REGULADOR SÓLIDO Y ECUÁNIME
Por su parte, Eduardo Viedma, presidente de la Asociación Paraguaya de Energías Renovables (Aper), consideró importantes las iniciativas emprendidas desde el Gobierno, sobre todo la existencia de un organismo que vele por las condiciones de compra y venta de energía. En este sentido, manifestó que debe ser una institución que opere sin injerencias políticas ni intereses empresariales.
“El regulador tiene que ser básicamente un ente conformado por el sector público y privado, principalmente con los mejores técnicos, con mayor relevancia, en lo posible sin intereses políticos y mucho menos empresariales, tiene que ser un ente eminentemente técnico”, analizó, entre otras cosas, en contacto con La Nación/Nación Media.
Sobre las funciones de ambos organismos proyectados, explicó que “necesitamos un ente que regule la política energética del país, que sería el Ministerio de Energía y un ente regulador que estipule condiciones de compra, de venta, de instalación y también de las condiciones de prestación y servicio del sector privado y la generación y venta a la Ande de energía”.
Con relación a la preponderancia que puede tener un Ministerio de Minas y Energías, explicó que en este sentido el país tiene una materia pendiente. “Un déficit de nuestro país es la prospección minera, prospección petrolera, inclusive energética, porque hay que hacer primero una inversión importante en eso para poder estimar la cantidad que tenemos y si es realmente rentable”, dijo.
En cuanto a los plazos que manejan, precisó que en las próximas semanas se debe contar con los aportes para los proyectos para luego ponerlos a consideración del Poder Legislativo, a través del Ejecutivo.
EL USUARIO, PRINCIPAL BENEFICIARIO
Cecilia Llamosas, investigadora y doctora en política energética, mencionó a LN/NM que el principal beneficiario tiene que ser el usuario, porque la misión de un regulador es justamente mejor calidad de servicio, tarifas transparentes y reglas claras. “El sector cambió y necesita inversiones importantes, tanto en financiamiento como en capacidad de ejecución. Hoy Ande carga con funciones que exceden su rol natural: opera, planifica y además ejerce en la práctica funciones regulatorias”, dijo y agregó que la propia institución planteó la necesidad de un ente regulador, por lo que separar esas funciones no la debilita, sino que la fortalece porque le permite dedicarse plenamente a operar e invertir.
Sobre su conformación, consideró que debe ser un organismo eminentemente técnico, con estabilidad, autonomía, capacidad de gestión. Sus objetivos deben apuntar fundamentalmente, darle al Paraguay capacidad real de conducir su política energética.
“Esta no es una discusión nueva. Solamente en los últimos 10 años hubo mas de cinco intentos de crear un Ministerio de Energía. Es decir, hace décadas que venimos identificando problemas de fragmentación y coordinación en el sector”, agregó.
A su vez, dijo que no se trata simplemente de crear otro casillero en el organigrama, si no de “construir una verdadera rectoría y tener capacidad para planificar, fijar objetivos comunes y coordinar”.
La separación de funciones debería ser bastante sencilla: el Ministerio hace política y planifica; el regulador establece y fiscaliza las reglas; Ande opera y ejecuta; y las empresas invierten. Según Llamosas, si cada institución puede hacer bien lo que le corresponde, se fortalece todo el sistema y finalmente quien recibe el beneficio es el usuario.
“Estamos en un punto de inflexión. El desafío es que la demanda crece y necesitamos tener la capacidad y la infraestructura para atenderla. La infraestructura energética toma años. Lo que vamos a necesitar dentro de cinco o diez años tenemos que decidirlo hoy. Entonces, ni alarmismo ni complacencia, pero la ventana para tomar decisiones es ahora”, subrayó.
Como reflexión final, explicó que hace años Paraguay necesita fortalecer su arquitectura institucional energética pero lo difícil ha sido transformar ese diagnóstico en cambios que se sostengan en el tiempo. Todo ello, a fin de que la energía se traduzca en mejor servicio para la gente, más inversión, más industria, tecnología y empleo.

