• Sofía Céspedes

Conceptos como agricultura de precisión, monitoreo satelital, drones, sensores e inteligencia artificial forman parte del proceso de transformación.

La tecnología dejó de ser un complemento dentro del agro para convertirse en una herra­mienta central de compe­titividad. En un contexto marcado por la variabilidad climática, el aumento de cos­tos de producción y necesidad de mantener rendimientos sostenibles, los productores paraguayos incorporan cada vez más herramientas digitales para optimizar sus deci­siones y mejorar la eficiencia en el campo.

Hoy, conceptos como agricultura de precisión, monitoreo satelital, drones, sensores e inteligencia artifi­cial forman parte de un pro­ceso de transformación que avanza tanto en la agricul­tura extensiva como en otros rubros productivos. El fin es claro: producir más, utilizar mejor los recursos y reducir riesgos.

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Según Santiago Bertoni, exministro de Agricultura y Ganadería (MAG) y actual asesor de la Unión de Gre­mios de la Producción (UGP), el proceso tiene sus raíces en la incorporación masiva de la biotecnología a comienzos de este siglo.

“Fue el uso de la biotecnología lo que permitió el despegue de la agricultura paraguaya. Pasamos de pro­ducir cerca de 3 millones de toneladas (hace dos décadas) a cerca de 10 millones de tone­ladas en la actualidad”, afirmó a La Nación/Nación Media.

A partir de entonces, la adopción de nuevas tecnologías permi­tió consolidar sistemas como la siembra directa y la rota­ción de cultivos, impulsando una mayor productividad en rubros como soja, maíz y trigo.

AGRICULTURA Y PRECISIÓN

La evolución tecnológica del agro paraguayo ya no se limita a la maquinaria tradi­cional. Actualmente, nume­rosos productores utilizan sistemas GPS y autoguiado de tractores, monitores de ren­dimiento instalados en cose­chadoras y herramientas que permiten aplicar fertilizantes o semillas de manera diferen­ciada según las características de cada parcela.

Estas tecnolo­gías generan información en tiempo real y permiten reali­zar intervenciones más preci­sas, reduciendo desperdicios y optimizando recursos.

“La eficiencia productiva es funda­mental para Paraguay. Y esa efi­ciencia solamente se logra con conocimiento y con el uso de tecnología”, sostuvo Bertoni.

A ello se suman drones y siste­mas de monitoreo satelital que permiten observar el compor­tamiento de los cultivos, medir humedad del suelo, evaluar la cobertura vegetal y detectar problemas antes de que se tra­duzcan en pérdidas económi­cas.

La disponibilidad de datos climáticos también se convir­tió en una herramienta estra­tégica para planificar siembras, cosechas y selección de varie­dades, especialmente en un escenario donde los eventos cli­máticos extremos tienen cada vez mayor incidencia sobre la producción.

AVANCE TECNOLÓGICO

En la horticultura, el avance tecnológico se ve principal­mente en la automatización de sistemas de riego y en el uso de sensores para medir variables ambientales. Édgar Frutos, especialista de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg) del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), explicó que cada vez más productores incorporan sistemas automa­tizados controlados por senso­res.

Estas herramientas per­miten ajustar la cantidad de agua utilizada según las nece­sidades reales de cultivos y condiciones ambientales.

“El uso de sensores permite tomar mejores decisiones y optimi­zar recursos. Hoy podemos determinar si es necesario regar 5 minutos o 20 minutos, según las condiciones reales del cultivo”, indicó.

Hoy el MAG trabaja en pro­yectos que utilizan drones multiespectrales y monito­reo satelital para la detección temprana de enfermedades, permitiendo actuar antes de que los daños sean visibles a simple vista. Frutos señaló que la tecnología se vuelve especialmente importante ante fenómenos climáticos como El Niño, que puede gene­rar largos períodos de lluvia y humedad, aumentando el riesgo sanitario en los culti­vos. En estos casos, los siste­mas de monitoreo permiten realizar un seguimiento cons­tante y reaccionar con mayor rapidez ante posibles amena­zas productivas.

LOS DESAFÍOS

Aunque la transforma­ción tecnológica avanza, todavía existen obstáculos importantes para ampliar su adopción. El principal sigue siendo el costo inicial de inversión, especialmente para pequeños productores.

Sin embargo, tanto Bertoni como Frutos coinciden en que estas herramientas tienden a amortizarse con el tiempo mediante mayores rendi­mientos, reducción de pér­didas y una mejor utilización de los insumos.

Además, cada vez más productores acceden a la tecnología mediante ser­vicios tercerizados, alquiler de equipos o a través de coo­perativas de producción que facilitan el acceso a herra­mientas avanzadas.

Otro desafío importante es la infraestructura. La falta de conectividad, energía eléctrica de calidad y cami­nos adecuados limita el uso de tecnologías digitales en varias regiones productivas del país. “Hay zonas donde no se puede pensar en una utili­zación masiva de ciertas tec­nologías por falta de inter­net, energía o infraestructura vial”, advirtió Bertoni.

La inteligencia artificial apa­rece como la próxima etapa de esta transformación. Aunque su uso todavía es incipiente, los especialistas consideran que tendrá un papel cada vez más relevante en el procesa­miento de datos generados por sensores, drones e imá­genes satelitales, ayudando a los productores a tomar deci­siones más rápidas y precisas. La tendencia, sin embargo, ya está en marcha.

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