A nivel local, se pasó de un consumo de apenas 3 kilos al año a unos 13 kilos per cápita.

La industria porcina paraguaya atraviesa una etapa de expan­sión, impulsada por la incor­poración de tecnología, la profesionalización de los pro­ductores y la apertura de nue­vos mercados. En esta nueva entrega de Hacedores LN, Marta Mareco, presidenta de la Cámara Paraguaya de Industrias Porcinas y Deri­vados (Capainpod), habló con La Nación/Nación Media acerca de sus inicios en el sec­tor, los desafíos pendientes y las oportunidades que vis­lumbra para una actividad que considera una de las de mayor proyección en el país.

¿Cómo nació su vínculo con la industria porcina y qué la motivó a dedicar su carrera a este sector?

–Todo comenzó cuando, junto con mi esposo, inver­timos en Itapúa para produ­cir granos. Al trabajar con soja necesitábamos rotar los cultivos y empezamos a sembrar maíz. Ahí vimos que ya teníamos el principal ali­mento para los cerdos. Nos reuníamos todos los sábados con productores de la zona para analizar cómo mejorar la producción y evitar las pér­didas que implicaba trasladar animales hasta Asunción. De esas reuniones, que hacíamos en el Hotel Papillón, nació Upisa y, con ella, mi vínculo con la producción porcina.

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¿Qué valores persona­les cree que marcaron su forma de liderar?

–Para liderar un grupo es fundamental tener metas claras y una visión compar­tida. Nuestra cámara reúne a personas que trabajan en distintas etapas de la cadena, desde la producción primaria hasta la industrialización e incluso la elaboración arte­sanal de derivados. El desa­fío es incluir a todos bajo un mismo objetivo. Hoy enten­demos que el crecimiento depende de la calidad, de ser cada vez más eficientes y de trabajar todos los días para mejorar.

¿Cómo describiría el momento que vive actual­mente la industria porcina en Paraguay?

–El sector vive un momento extraordinario. Pasamos de un consumo de apenas 3 kilos al año a unos 13 kilos per cápita. Ese proceso llevó alrededor de 30 años, pero ahora el crecimiento será mucho más rápido porque ya construimos bases sóli­das. La producción aumentó más de 740 % y dejamos atrás el modelo de traspatio para convertirnos en una indus­tria intensiva, tecnificada y altamente profesional.

¿Cuáles fueron los prin­cipales factores que impul­saron el crecimiento del sector en los últimos años?

–La incorporación de tecno­logía fue decisiva. Hoy utili­zamos herramientas de alta precisión y sistemas automa­tizados que funcionan con inteligencia artificial para controlar el ambiente dentro de las granjas. Cuando par­ticipo en congresos interna­cionales y escucho sobre esas innovaciones, me doy cuenta de que muchas de ellas ya las estamos aplicando en Para­guay.

¿Cuáles son los princi­pales desafíos que aún enfrenta la cadena porcina nacional?

–El principal desafío es que el consumidor p a r a g u a y o comprenda que la misma carne de calidad que exportamos también está disponible en el mercado local. No hacemos diferen­cias entre lo que se exporta y lo que se vende en Paraguay. Queremos ofre­cer porciones más pequeñas, nuevos cor­tes y seguir mostrando que la carne porcina es mucho más que costilla para la parrilla. Tenemos todos los cortes y debemos seguir enseñando su versatilidad.

Aunque el consumo de carne de cerdo ha aumen­tado, todavía persisten algunos mitos. ¿Cuáles son los más comunes?

–Todavía existen prejuicios asociados a formas antiguas de producción. Hoy la reali­dad es completamente dis­tinta. La producción moderna cumple estrictos estándares sanitarios y de bienes­tar animal. Además, la carne de cerdo tiene importantes cualida­des nutricionales, como su aporte de vitamina B12 y otros nutrientes. La mejor forma de derribar esos mitos es acercar al consumidor dis­tintos cortes y presentaciones que se adapten a las nuevas formas de consumo.

¿Qué impacto tiene el sec­tor porcino en la genera­ción de empleo?

–Es una actividad muy inten­siva en mano de obra. Hoy dependen del sector unas 50.000 familias. Además de generar empleo, estamos for­mando profesionales especia­lizados en genética, nutrición animal, inocuidad, biodiver­sidad y bienestar animal. La producción porcina dejó de ser una actividad casera para convertirse en una industria moderna y tecnológica. Por eso Paraguay despierta cada vez más interés internacional.

¿Qué mercados interna­cionales representan hoy las mayores oportunida­des para la carne porcina paraguaya?

–Actualmente, el mercado más importante es Taiwán. Queremos aumentar nues­tras exportaciones, pero para lograrlo necesitamos avanzar en la posibilidad de exportar carne con hueso, lo que requiere el levantamiento de la vacunación contra la fiebre aftosa. Eso permiti­ría exportar más productos, como cortes con hueso, patas y otros derivados, generando un mayor aprovechamiento de toda la producción.

Si tuviera que convencer a un joven de apostar por la industria porcina, ¿qué le diría?

–Le diría que Paraguay tiene todo para crecer: agua, tierra y cada vez más conocimiento. El desarrollo del sector trans­forma las comunidades. Basta recorrer zonas de Itapúa para ver cómo cambió la activi­dad económica. Además, es un negocio rentable y ofrece oportunidades tanto en el campo como en las ciuda­des, donde existe un enorme potencial para transformar la carne porcina en produc­tos con valor agregado.

¿Qué posibilidades ofrece la carne de cerdo desde el punto de vista gastronó­mico?

–Muchísimas. No debe­mos pensar solamente en la parrilla. Se pueden prepa­rar milanesas, empanadas, albóndigas, salsas para pas­tas y una enorme variedad de platos. La gastronomía vin­culada a la carne de cerdo tiene un potencial enorme y todavía queda mucho por desarrollar. Cada vez más personas descubren que es una carne saludable, nutri­tiva y muy versátil para la cocina cotidiana y también para los eventos.

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