La tragedia del Ycuá Bolaños, ocurrida hace 20 años, debe recordarnos la imperiosa necesidad de contar con normativas obligatorias, dijo Ayala.

Las industrias deben replantear sus nor­mas de seguridad para garantizar el buen funciona­miento de sus instalaciones y velar por el bienestar de sus colaboradores. Esto con el acompañamiento de las auto­ridades pertinentes.

El grado de inversión otorgado a Para­guay encierra aspectos que hasta ahora el sector empre­sarial no ha tenido en cuenta o desconoce y que es necesa­rio conocer para asegurar las inversiones y la satisfacción de los capitalistas. Un com­ponente fundamental al que se le debe dar importancia es la seguridad industrial.

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Fernando Ayala, presidente de Capasi

Hoy día, un incendio puede representar un riesgo signi­ficativo para la continuidad de las operaciones, así como también pérdidas considera­bles e incluso poner en peli­gro la vida de los colaborado­res y clientes.

Fernando Ayala, presidente de la Cámara Paraguaya de Seguridad Industrial (Capasi), señaló que nuestro país necesita invertir en una mayor cultura de prevención. Y esto debe iniciar desde lo más básico, en las institu­ciones educativas, para luego sumarse a los esfuerzos reali­zados por los sectores público y privado. “A través de la Cámara proveemos información sobre, por ejemplo, el uso de los extin­tores, que es la primera barrera preventiva contra el fuego e informamos acerca de las empresas que están habilita­das para ofrecer este servicio. Además, acercamos a nuestros socios las innovaciones y opor­tunidades que se presentan en este ámbito”, refirió el titular del gremio.

La tragedia del Ycuá Bola­ños, ocurrida hace 20 años, debe recordarnos la impe­riosa necesidad de contar con normativas obligatorias contra incendios, sostuvo Fernando e instó a las auto­ridades a ejercer un mayor control en el mercado ante la aparición de empresas que operan de manera informal. “El incendio es la principal causa de muerte en acciden­tes en el mundo, ni siquiera lo son las catástrofes climá­ticas”, aseguró.

Y en este contexto reconoció que si bien se avanzó mucho en desarrollo tecnológico, aún queda mucho por hacer e insistió en que es preciso que los municipios ejerzan mayor control. “Hoy las normas de seguridad no son obligato­rias y, sin embargo, deberían serlo”, acotó. Reflexionó que, con la llegada de las multina­cionales atraídas por el grado de inversión logrado reciente­mente –que de por sí traen sus propios estándares de segu­ridad– no debe haber lugar a las improvisaciones, sino más bien ajustar todo lo que haga falta para estar a la altura de los requerimientos.

Recordó que en Asunción, con la promulgación de la ordenanza n.º 468/14 en el año 2014, se introdujo como requisito la instalación de los rociadores automáticos, conforme al uso, al riesgo y a la envergadura de la edifi­cación. Y también que en el 2023 se dictó la norma para­guaya en la cual se estable­cieron los criterios técnicos para la instalación de los sis­temas de extinción automá­tica, como son estos rocia­dores.

Para finalizar, dejó entrever que hoy día los edificios anti­guos en altura que se cons­truyeron en la década de los 70 y 80 también presentan muchos riesgos a raíz de la falta de prevención y están prácticamente desprotegi­dos a causa de no contar con normas más modernas en protección de vidas en este tipo de construcciones, por lo que esto representa otra materia pendiente.

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