La ampliación del límite de transferencias instantáneas a G. 10 millones ya está generando impactos en el ecosistema de pagos digitales, tanto en términos operativos como competitivos.
Así lo explicó Liz Cramer, presidenta de la Asociación de Bancos del Paraguay (Asoban), en conversación con La Nación/Nación Media,al detallar que los ajustes tecnológicos fueron relativamente simples, pero exigieron una fuerte coordinación en plazos y gestión financiera. Según indicó, la implementación implicó principalmente cambios de parámetros en los sistemas, acompañados de pruebas funcionales exhaustivas.
“El principal reto fue el cronograma ajustado tras la publicación de la normativa y su entrada en vigencia”, afirmó. En paralelo, destacó que la gestión de liquidez en el Banco Central del Paraguay (BCP) y entre subparticipantes fue clave para garantizar el correcto funcionamiento del sistema.
MAYOR COMPETENCIA
En términos de mercado, la interoperabilidad de códigos QR, basada en el estándar MVCO, consolida un escenario de mayor competencia entre actores. Cramer explicó que todos los QR del sistema pueden ser leídos por distintos participantes, lo que permite a usuarios operar indistintamente entre bancos y billeteras electrónicas.
Además, el nuevo límite del Sistema de Pagos Instantáneos (SPI) habilita operaciones en tiempo real las 24 horas para montos de hasta G. 10 millones, ampliando el rango de transacciones digitales que antes estaban restringidas a horarios bancarios.
A esto se suma la incorporación de un QR impulsado por el BCP, que convivirá con soluciones ya posicionadas como las de Bancard y Dinelco.
CIBERSEGURIDAD
“La competencia se dará en la propuesta de valor de los participantes del sistema”, sostuvo Cramer al subrayar que la tecnología QR ya cuenta con una alta adopción en el mercado paraguayo. No obstante, el aumento de los montos también eleva las exigencias en materia de seguridad.
Cramer advirtió que el nuevo escenario requiere una inversión constante en ciberseguridad, junto con una estrategia de educación financiera para los usuarios.
“El riesgo se mitiga mediante un modelo de seguridad compartida. Un usuario capacitado no solo reduce el fraude, sino que fortalece la confianza en el ecosistema de pagos”, concluyó.

