Cerca del 90 % de las familias en Paraguay vive en sus casas correspondientes o no alquiladas.

Paraguay se posiciona como el país con mayor proporción de hogares propios en América Latina, de acuerdo con esti­maciones de la Comisión Eco­nómica para América Latina y el Caribe (Cepal) y otros organismos internacionales. Cerca del 90 % de las familias en Paraguay vive en vivien­das propias o no alquiladas, un indicador que ubica al país por encima de economías más grandes de la región. Detrás de Paraguay se encuentran paí­ses como México, donde la tasa de propiedad ronda el 80 % en algunas mediciones, y Brasil, con aproximadamente el 74 %. También destacan casos como Ecuador, mientras que en mercados como Argentina y Uruguay el alquiler tiene un mayor peso dentro de la estructura habitacional.

Este dato refleja una caracte­rística histórica del mercado inmobiliario paraguayo: el acceso relativamente senci­llo a terrenos y la posibilidad de construir la vivienda de manera progresiva. Durante décadas, este modelo permi­tió a miles de familias alcan­zar la casa propia sin nece­sidad de financiamiento formal, apoyándose en el crecimiento gradual y en la autoconstrucción. Pero esta dinámica empieza a mostrar señales de cambio. La dis­ponibilidad de terrenos en zonas cercanas a los princi­pales centros urbanos se ha reducido de forma significa­tiva, lo que está modificando las decisiones de las fami­lias. Hoy, la cercanía al tra­bajo, a los servicios y a la vida urbana gana terreno frente al modelo tradicional de casa con patio en la periferia.

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DESAFÍOS

Este giro plantea nuevos desafíos para el sector inmo­biliario y para las políticas públicas. Por un lado, se abre espacio para el desarrollo de proyectos verticales y solu­ciones habitacionales más compactas.

Por otro lado, se vuelve clave mejorar el acceso al financiamiento y planificar ciudades más efi­cientes, que reduzcan tiem­pos de traslado y mejoren la calidad de vida.

En ese contexto, aunque Paraguay mantiene un liderazgo regio­nal en acceso a la vivienda propia, el mercado inmo­biliario comienza a transi­tar hacia una nueva etapa, marcada por cambios en las preferencias de los hogares y en la configuración de las ciudades.

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