La mujer paraguaya logró consolidar una presencia cada vez más fuerte en el sector agropecuario, no solo participando en las tareas productivas, sino asumiendo roles de liderazgo.

  • Por Melissa Palacios

En el marco del Día de la Mujer Paraguaya, que se recuerda hoy 24 de febrero, La Nación/Nación Media conversó con referen­tes del sector que coincidieron en que, aunque históricamente la mujer estuvo presente en el campo, hoy su participación es cada vez más visible y activa, ocupando cargos de decisión, gestionando proyectos y apor­tando una mirada integral que combina productividad, soste­nibilidad y compromiso. Si bien aún persisten desafíos y barre­ras por superar, su creciente protagonismo refleja un avance significativo hacia una mayor equidad y reconocimiento den­tro del rubro.

La preparación, la constancia y la capacidad de equilibrar múl­tiples roles, como la vida fami­liar y el liderazgo profesional, se han convertido en fortale­zas que aportan un valor dife­rencial al desarrollo del agro paraguayo.

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PARTICIPACIÓN VISIBLE

Johanna Bottrell, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), mencionó que mirando la historia, las mujeres siem­pre estuvieron presentes en el campo paraguayo, aunque muchas veces de manera invi­sible, ya que durante varias generaciones, madres y abue­las trabajaron en el campo, sen­tando las bases de lo que hoy se conoce como producción agroganadera. “Hoy, esa par­ticipación se vuelve visible y activa, cada vez más mujeres lideramos empresas ganade­ras y agrarias, gestionamos proyectos y tomamos deci­siones estratégicas”, expresó.

“Mi convicción es que la mujer paraguaya tiene un rol esen­cial en el rubro, y que nuestro aporte va más allá de la produc­tividad: construimos sosteni­bilidad y futuro”, aseguró. Las mujeres agregan un plus que muchas veces no se mide en cifras, sino en una mirada inte­gral, cuidado del equipo, crea­tividad y capacidad de gestión ante desafíos. “Nuestra forma de trabajar combina profesio­nalismo con sensibilidad, siem­pre atentas a los resultados del proyecto y así también del bien­estar de quienes nos rodean”, acotó. En cuanto a las barre­ras que persisten, Bottrell dijo que los estereotipos de género siguen limitando la percepción de capacidades, y muchas veces las mujeres deben demostrar el doble esfuerzo para ser reco­nocidas. También enfrentan retos prácticos como equili­brar responsabilidades fami­liares, o integrarse a redes de liderazgo consolidadas. Rom­per estas barreras requiere un cambio cultural profundo, desde el reconocimiento de que la experiencia y el compromiso femenino son una fuerza estra­tégica para el desarrollo del sec­tor rural paraguayo.

“Compatibilizar ambos mun­dos no es fácil, pero se logra con organización, priorida­des claras y apoyo de la fami­lia y colaboradores”, subrayó, recordando la importancia de organizar, delegar, planificar y valorar cada momento.

MIRADA INTEGRAL

La gerente general de la Asocia­ción de Productores y Exporta­dores de Carne (APPEC), Clau­dia Bogado, dijo que ya no es raro ver mujeres participando activamente en la gestión, en los gremios y en espacios de toma de decisiones, y eso habla de un cambio positivo ya instalado y en marcha. “Las mujeres apor­tamos una mirada más inte­gral. No solo nos fijamos en los números o en las responsabili­dades, sino que nos enfocamos también en las personas, en los procesos, y en el impacto a largo plazo”, afirmó.

La gran capacidad para plani­ficar y trabajar en equipo son virtudes relevantes, además de poner sobre la mesa temas como la sostenibilidad y la comuni­cación que son claves para el futuro del sector, estos son aspectos que aportan las muje­res. Pese a ello, existen barre­ras culturales y estructurales, ciertos prejuicios que cuestan derribar. Cada mujer que logra abrirse camino, ayuda a que el trayecto sea un poco más fácil para las que vienen detrás. “Muchas veces las oportuni­dades no llegan de la misma manera y también sigue siendo un desafío compatibilizar el tra­bajo con la vida familiar, sobre todo en nuestro ámbito donde viajamos, tenemos miles de kilómetros recorridos, y en car­gos de mayor responsabilidad”, expresó Bogado.

Sobre su motivación para ingre­sar al sector dijo que este es un ámbito fundamental para el país con gran posibilidad de generar un impacto real. Com­plementar esto con la vida fami­liar se logra con organización, prioridades claras y mucho acompañamiento de la familia.

ORGANIZACIÓN, EMPATÍA Y VOCACIÓN

La presidenta de la Asocia­ción Paraguaya de Criadores de Caprinos, Cynthia Zárate, sostuvo que la presencia de las mujeres en el sector agropecua­rio paraguayo es hoy una rea­lidad en crecimiento. “Cada vez somos más las que asumi­mos responsabilidades técni­cas, productivas y de liderazgo, abriendo camino con trabajo, constancia y compromiso en un ámbito que históricamente fue masculino”, mencionó. Afirmó que las mujeres aportan una mirada humana y sensible, sin dejar de ser eficientes y profesio­nales. “Sumamos organización, empatía y una fuerte vocación de cuidado, tanto de los anima­les como de las personas, lo que fortalece los proyectos y las ins­tituciones del sector”, explicó.

Aún existen barreras cultura­les y sociales que hacen que el camino sea más exigente, espe­cialmente para quienes son madres y muchas veces sostie­nen el hogar. Sin embargo, las dificultades también impulsan a ser más resilientes y a seguir demostrando su capacidad. Conciliar el trabajo, el liderazgo y la maternidad no es sencillo, pero se construye día a día con amor, organización y convic­ción. “Ser madre y profesional es un desafío constante, pero también una fuente de forta­leza que me impulsa a seguir adelante”, aseveró.

GANANDO ESPACIOS

Con compromiso, prepara­ción y esfuerzo, las mujeres están demostrado que poseen la misma o incluso mayor capa­cidad que cualquier colega para desempeñarse con excelen­cia en este ámbito. “Estamos ganándonos lugar de a poco y nos estamos ganando esos espa­cios que nos merecemos, en el sector agro, industrial, polí­tico, gubernamental, y en el de las relaciones internacionales”, destacó Delia Núñez, gerente general de la Asociación de Criadores de Cerdos del Paraguay. Hoy, el hecho de ser mujer y poseer un instinto maternal aunque a algunas no les toque la posibilidad de ser madres, da una facilidad de organizar tareas complicadas a la vez. “Nos da ese entrena­miento de darle ese plus diferen­cial a lo que hacemos”, añadió.

Su motivación para desarro­llarse en el ámbito fue la fami­lia, ya que su padre y madre, pudieron sacar adelante una empresa familiar y desarro­llaron una empresa ganadera. “Eso fue lo que me llevó y me dio el acceso al amor al campo y la producción, a mi país, porque lo primero que soy es paraguaya, luego mujer, madre y líder”.

Núñez destacó que las muje­res tienen la capacidad de des­empeñar múltiples roles de manera simultánea como el cuidado del hogar, la mater­nidad y el trabajo, una habili­dad que consideró casi innata y que se refleja en el compromiso diario con cada responsabili­dad que asumen. Esa versati­lidad y fortaleza representan un valor agregado que marca una diferencia en todo lo que emprenden. “Eso nos da ese plus diferencial en lo que hace­mos”, concluyó.

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