Desde hace varios años, la desigualdad cayó de manera significa­tiva en prácticamente todos los países latinoamericanos. Millones se beneficiaron de más educación y de salarios crecientes, en especial los trabajadores no calificados, según un reporte del Banco Mundial (BM). Los factores específicos de cada país, como las políticas relativas al salario mínimo, desempeñaron una función más prominente en Paraguay, así como en otros países, señala el BM.

El aumento del salario base ayudó a disminuir levemente la desigualdad salarial, indica. En Paraguay, el salario básico subió más de 200% desde el nuevo milenio, mientras que en los últimos 10 años creció 63%. En tanto, solo en el último año este repuntó 12%. Actual­mente el salario mínimo se sitúa en G. 2.041.123, unos US$ 365 mensuales.

En América Latina, las dife­rencias salariales se acotaron entre trabajadores con edu­cación y experiencia labo­ral similares empleados por empresas diferentes, señala el reporte del Banco Mundial. Estas diferencias también se redujeron entre trabaja­dores de alta y baja capaci­tación. Cada uno representó alrededor de la mitad de la reducción de la brecha sala­rial general. Esto contrasta fuertemente con la lucha con­tra una desigualdad salarial constante o creciente en el resto del mundo.

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En general, si bien la desigual­dad sigue a la baja, el ritmo al que lo hace se ralentizó desde mediados del 2011. El des­censo de la desigualdad en los países de Sudamérica ahora se parece al que tiene lugar en México y Centroamérica, menciona.

A futuro, es probable que la expansión de la educación se mantenga, lo que estimula a la igualdad. Sin embargo, el nuevo patrón de menor crecimiento posterior al 2011, asociado a depreciaciones reales en el tipo de cambio, desacelerará la reducción de la desigualdad salarial, aclara el BM.

Asimismo, ahora hay menos espacio para un aumento del salario mínimo. Si bien el sala­rio mínimo puede ayudar a ase­gurar que los pobres no queden atrás en tiempos de bonanza, los aumentos del mismo pue­den llegar a deprimir el empleo formal en períodos de creci­miento más lento, advierte.

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