En Paraguay, el Día Nacional de la Mandioca se celebra cada 9 de noviembre, una raíz que es mucho más que un alimento infaltable en la mesa paraguaya, arraigada a nuestra tierra, a las costumbres y a la historia de las familias rurales, representa también una actividad económica que conecta a pequeños productores con industrias procesadoras y mercados internacionales.
Su versatilidad, tanto para el consumo fresco como para la elaboración de almidón y otros derivados, convierte a la mandioca en un rubro con oportunidades de crecimiento, aunque todavía enfrenta desafíos para mejorar su productividad y rentabilidad.
Detrás de esta cadena productiva conviven dos realidades que se complementan: la agricultura familiar, que sostiene buena parte de la producción, y una industria que encontró en el almidón de mandioca un producto con demanda en distintos continentes.
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Para conocer el potencial y los desafíos del sector, Moisés Vega, técnico agrícola especialista en el rubro mandioca del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y Theodor Regier, presidente de la Cámara Paraguaya de la Mandioca (Capama), explican a La Nación / Nación Media, el desempeño exportador y las perspectivas de la industria.
Tradición que mueve la economía
Aunque forma parte de la identidad alimentaria del país, la mandioca todavía tiene margen para desarrollar una cadena productiva más eficiente. Su destino se divide entre el consumo fresco y el procesamiento industrial, principalmente para la obtención de fécula o almidón. De acuerdo con las estimaciones compartidas por Vega, un porcentaje menor de la producción se destina habitualmente a la industria, mientras que la mayor parte, llega al mercado fresco.
Uno de los principales desafíos para aprovechar ese potencial está en elevar los rendimientos por hectárea y garantizar una oferta más constante durante el año. Actualmente, buena parte de los agricultores continúa utilizando métodos tradicionales, lo que limita la productividad y puede desincentivar nuevas plantaciones cuando los precios no compensan la inversión.
En ese sentido, Vega sostuvo que “la tecnificación del cultivo es el camino para poder tener una disponibilidad de materia prima durante gran parte del año”, tanto para las industrias como para el mercado de consumo fresco. La adopción de mejores técnicas de producción permitiría reducir las variaciones en la oferta y fortalecer el vínculo comercial entre agricultores y procesadoras.
A diferencia de otros rubros agrícolas, la mandioca requiere una planificación de mediano plazo, ya que no es posible responder rápidamente a los cambios de la demanda. El especialista explicó que “la mandioca es un cultivo anual” y que necesita entre nueve y doce meses para llegar a la primera cosecha. Esto significa que una mayor demanda o una mejora de los precios no se traduce inmediatamente en un incremento de la producción: los agricultores necesitan anticipar sus decisiones de siembra.
A ello se suman los riesgos climáticos, porque tanto las sequías como el exceso de humedad pueden afectar las raíces, favorecer enfermedades y reducir los rendimientos. Entre las principales zonas de producción comercial se encuentran San Pedro, Caaguazú, Itapúa y Alto Paraná, donde también se concentra parte de la actividad industrial.
El almidón conquista mercados internacionales
El procesamiento industrial abre una ventana de oportunidades para la mandioca paraguaya. Según Theodor Regier, presidente de Capama, el principal producto exportado es la fécula o almidón, aunque también comenzó a ganar espacio la comercialización de raíces congeladas, como una alternativa de mayor valor agregado. En este último segmento, mencionó envíos a mercados europeos, entre ellos España.
En cuanto al almidón, destacó que Paraguay construyó una presencia internacional durante los últimos años y actualmente abastece a compradores de distintas regiones. “Paraguay hoy es el principal exportador de almidón de mandioca en toda América”, afirmó, al explicar que el país logró posicionarse como proveedor de este producto en el continente.
La red comercial alcanzada por la industria comprende mercados de América del Sur, América Central y América del Norte, además de algunos destinos europeos y países del norte de África y Sudáfrica. Esta diversificación permite que el producto nacional tenga presencia más allá de la región y abre posibilidades para ampliar las operaciones.
En términos de volumen y facturación, Regier indicó que las exportaciones mantienen un comportamiento relativamente estable, con alrededor de 35.000 toneladas anuales como referencia de los registros recientes y un valor aproximado de USD 20 millones. Sobre el desempeño de los últimos periodos.
De cara a los próximos años, la apuesta de la industria pasa por fortalecer la competitividad y avanzar hacia productos con mayor transformación, en lugar de depender exclusivamente de la comercialización de almidón convencional. La incorporación de tecnología, la eficiencia de los procesos industriales y el desarrollo de almidones modificados aparecen entre las alternativas para diversificar la oferta y atender nuevas demandas.
Regier considera que existen oportunidades para seguir creciendo, especialmente por el interés de nuevos compradores y la posibilidad de ampliar los destinos comerciales. “Hay nuevos mercados, hay más demanda”, manifestó, al referirse a las perspectivas del sector y a las inversiones realizadas para desarrollar productos con valor agregado.
Rentabilidad, desafío que llega a las fincas
El potencial exportador de la mandioca tiene un efecto directo sobre los pequeños productores, ya que buena parte de la materia prima utilizada por las industrias proviene de la agricultura familiar. Sin embargo, el precio recibido en finca sigue siendo uno de los principales factores que determinan si las familias deciden ampliar, mantener o reducir sus plantaciones. En el último relevamiento publicado por La Nación, agricultores de Pastoreo y Guayaibí señalaron que comercializaban entre G. 600 y G. 700 por kilo, mientras que necesitaban alcanzar al menos G. 1.000 para recuperar los costos y obtener rentabilidad.
La recuperación reciente de la cotización del dólar abre un escenario más favorable para la cadena exportadora y genera mejores perspectivas para los ingresos del rubro, aunque el desafío sigue siendo que esa mejora también llegue al precio pagado al agricultor.
En este contexto, sostener la producción requiere que la recuperación de los mercados se traduzca en mejores condiciones comerciales para quienes trabajan la tierra. La mandioca tiene una ventaja importante: es un cultivo tradicional, conocido por los agricultores y con una demanda que abarca tanto el consumo interno como la industria exportadora. Pero para que esa fortaleza se convierta en crecimiento económico, será necesario combinar precios que compensen la inversión, asistencia técnica y mayor productividad.
La mandioca, indispensable en la dieta de los paraguayos
La mandioca es un alimento cuyo principal aporte nutricional es energético, debido a su alto contenido de carbohidratos, principalmente almidón. Cada 100 gramos de mandioca hervida aportan aproximadamente 125 calorías y 30 gramos de carbohidratos. Además, contiene pequeñas cantidades de proteínas y grasas, fibra alimentaria, vitamina C y minerales como potasio, magnesio, fósforo y calcio.
Por su aporte energético, accesibilidad y presencia en la alimentación tradicional paraguaya, constituye una alternativa a otras fuentes de carbohidratos como el arroz, las pastas y la papa, destacaron nutricionistas de la Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición (Inan).
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