Por Armando Giménez Larrosa

El mercado laboral paraguayo muestra señales positivas que van en sintonía con el dinamismo de la economía nacional, con un Indicador Mensual de Actividad Económica (Imaep) que evoluciona cerca del 5,7 %, ubicando la desocupación en niveles cercanos al teórico neutral. Sin embargo, detrás de las cifras de creación de puestos, el persistente peso de la informalidad continúa configurando una de las tareas pendientes más complejas para el desarrollo socioeconómico del país.

Durante una reciente entrevista en la 1020 AM, el investigador del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), Rodrigo Ibarrola, analizó los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

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En el tercer trimestre, los sectores que lideraron la creación de empleo fueron el comercio, restaurantes, hoteles y la industria manufacturera, registrándose un incremento de más de 100.000 asalariados privados frente al año anterior. En contrapartida, el sector primario (agricultura y ganadería) experimentó una contracción cercana al 11 %.

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El laberinto de la informalidad

Si bien la tasa de informalidad general logró descender gradualmente hasta situarse en torno al 56 %, la radiografía interna expone profundas disparidades según la modalidad ocupacional:

- Cuentapropistas: Concentran el mayor desafío estructural, alcanzando una tasa de informalidad del 76 %.

- Asalariados privados: Registran una informalidad del 54 %.

- Empleadores y empresas: Se ubican en mejores condiciones con un 25 %.

Factores multidimensionales e incentivos

Ibarrola explicó que la decisión de formalizarse depende de factores multidimensionales e incentivos. En el caso de los independientes, las cargas impositivas y la exigencia de aportes elevados, que muchas veces no se traducen en beneficios directos atractivos o cobertura de salud, generan un freno natural para dar el salto a la formalidad.

A pesar de estas barreras, el ingreso real de los trabajadores mantiene una trayectoria de recuperación sostenida, aproximándose de manera paulatina a los picos históricos del 2018, lo que consolida un escenario de mayor dinamismo en el consumo interno de cara al tramo final del año.

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