Los productores de banana de Guajayví atraviesan un escenario de preocupación debido a las dificultades para colocar su producción en el mercado nacional. La baja demanda y los precios que reciben por la fruta están generando pérdidas económicas y afectan especialmente a las familias rurales que dependen de este cultivo como principal fuente de ingresos.
De acuerdo con estimaciones de los propios agricultores, en Guajayví existen actualmente unas 500 hectáreas cultivadas. A esta superficie se suman las plantaciones de localidades cercanas como Yrybucuá y Santaní, donde también el rubro tiene una importante presencia.
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Los productores calculan que cerca del 70 % de las familias asentadas en las zonas rurales de Guajayví dependen directa o indirectamente de la producción y comercialización de banana. Sin embargo, durante los últimos meses aseguran que la falta de compradores redujo considerablemente sus posibilidades de venta.
Isidro Barrios, dirigente de los productores, explicó a los medios de comunicación que actualmente una caja de banana puede comercializarse desde G 15.000, mientras que en algunos mercados locales llega a alcanzar los G 40.000 cuando existe suficiente demanda. Señaló que el problema es que cada vez resulta más difícil encontrar compradores para comercializar la producción.
Ante la dificultad para colocar la cosecha, los productores también analizarían la posibilidad de comercializar directamente con el programa Hambre Cero. La propuesta apunta a reducir la participación de intermediarios y generar un canal estable para la producción de la zona.
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Uno de los productores señaló que esta alternativa se encuentra entre las opciones que están siendo evaluadas por los agricultores. Consideran que el acceso a este tipo de programas podría permitir colocar una parte de la producción y mejorar los ingresos de las familias que dependen del cultivo.
Los bananeros sostienen que necesitan ampliar sus mercados y contar con condiciones que permitan dar mayor previsibilidad a la actividad. Mientras tanto, la producción continúa en las fincas, pero con cada vez menos espacios disponibles para su comercialización.

