En la llamada capital del tomate, una historia de esfuerzo, innovación y acompañamiento financiero refleja el potencial de la agricultura familiar paraguaya. Se trata de Carlos Martínez, productor de la compañía Duarte Cue, en el distrito de 3 de Febrero, quien transformó un pequeño emprendimiento familiar en una unidad productiva que hoy supera los 100 invernaderos.
El crecimiento fue posible con el respaldo del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), que a través de herramientas financieras como el producto Jepytaso permitió al productor incorporar tecnología, mejorar la protección de sus cultivos y optimizar sus procesos de producción.
Lo que comenzó con apenas tres invernaderos fue creciendo con planificación y reinversión. Hoy, la finca de Martínez se convirtió en un ejemplo de cómo el acceso al financiamiento puede impulsar la productividad, generar nuevas oportunidades y fortalecer el desarrollo económico en las zonas rurales.
Los tomates y otros productos hortícolas cultivados en el establecimiento llegan tanto al mercado local como al Mercado de Abasto, generando ingresos y fuentes de trabajo para la familia del productor y para la comunidad.
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Financiamiento para transformar la producción
Desde el CAH resaltaron que el acompañamiento financiero busca que los pequeños productores puedan acceder a herramientas que les permitan innovar, aumentar su capacidad productiva y mejorar su competitividad.
“El acceso a financiamiento adecuado puede convertirse en una herramienta clave para transformar emprendimientos productivos, incrementar la competitividad y contribuir al crecimiento económico de las zonas rurales”, señalaron desde la institución.
Con casos como el de Carlos Martínez, el CAH destaca el impacto de las líneas de crédito orientadas a fortalecer la agricultura familiar y acompañar a quienes apuestan por producir y generar desarrollo desde el campo paraguayo.
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