Hay historias que comienzan con una gran inversión y otras que nacen de un sueño. La de Confipan empezó en 1987, con el deseo de una madre de ofrecerles a sus hijos un postre delicioso, sin imaginar que esa ilusión se convertiría en el sustento de toda una familia y, con el tiempo, en una de las panaderías y confiterías más queridas del país.
Detrás de esa historia está Marcelina Jara de Aveiro y Ángel Alberto Aveiro, quienes decidieron formarse en panadería y confitería mientras aún trabajaban en otros rubros. Durante el día cumplían con sus responsabilidades laborales y, por las noches, estudiaban y adquirían los conocimientos que más adelante darían vida a su emprendimiento.
Con mucha fe y una enorme voluntad de juntos salir adelante, realizaron su primera inversión: una cocina de seis hornallas donde comenzaron a elaborar panes caseros y medialunas amasadas completamente a mano. Poco a poco, el aroma del pan recién horneado comenzó a conquistar a vecinos, familiares y amigos, quienes se transformaron en los primeros clientes de la familia.
El 25 de julio de 1987, en el garaje de doña Ana, madre de Alberto y suegra de Marcelina, nació oficialmente Confipan. Un pequeño mostrador, un cartel y un toldo fueron suficientes para abrir las puertas de un sueño construido con esfuerzo, dedicación y el trabajo de toda la familia.
Segunda generación
La calidad de sus productos hizo que la demanda creciera rápidamente. Con el paso de los años, la empresa fue incorporando nuevos equipos, ampliando su producción y diversificando su oferta. A la tradicional panadería se sumaron la confitería y posteriormente la rotisería, incorporando productos que hoy forman parte de la identidad de la marca, siempre manteniendo el compromiso con la elaboración artesanal y la calidad que los caracteriza desde sus inicios.
La segunda generación también comenzó a involucrarse activamente en el negocio, aportando innovación y adaptándose a las nuevas exigencias del mercado sin perder la esencia familiar que distingue a Confipan. Y son los que hoy están al frente llevando Confipan, manteniendo el mismo compromiso de siempre y la calidad en sus productos
Hoy, Confipan continúa siendo una empresa familiar que ha sabido evolucionar sin renunciar a sus valores. Cada producto refleja el mismo compromiso con el que comenzó hace casi cuatro décadas: ofrecer alimentos elaborados con dedicación, calidad y respeto por quienes los consumen.
El verdadero ingrediente
Más allá de sus recetas, Confipan entiende que el verdadero ingrediente de su crecimiento ha sido la confianza de sus clientes. Gracias a ellos, la empresa ha podido generar empleo, fortalecer a su equipo humano y consolidarse como una marca que forma parte de los momentos cotidianos y las celebraciones de miles de familias paraguayas.
Con una mirada puesta en el futuro, Confipan continúa apostando por la innovación, la capacitación permanente y la mejora continua, manteniendo intacta la esencia con la que todo comenzó: una familia trabajando unida para compartir el sabor de lo hecho con amor. Porque detrás de cada pan, cada medialuna y cada torta, hay una historia que comenzó hace casi 40 años y que sigue escribiéndose todos los días junto a sus clientes.

