El contexto externo sigue transmitiéndose de forma acotada a la inflación. El petróleo mantuvo una marcada volatilidad durante mayo y, tras una breve pausa a mediados de mes, el crudo retrocedió por debajo de USD 100 por barril. Sin embargo, esa incertidumbre no muestra señales claras de disiparse en el corto plazo y el riesgo al alza sobre la cotización continúa vigente.
La inflación interanual de mayo se ubicó en 2,4%, un pequeño aumento en comparación a abril, pero aún 1,1% por debajo de la meta del BCP (3,5%). Este dato arroja lecturas relevantes sobre el mecanismo de transmisión, tanto en el comportamiento marginal como en el estructural.
Por el lado marginal, los combustibles moderaron su variación mensual a 0,9% tras el impulso que dominó abril. Sin embargo, el rubro acumula un aumento del 20,8% en lo que va del año y su incidencia sobre la inflación interanual trepó de 0,7% a 1,0%. Aunque su variación mensual contribuyó a amortiguar el índice general, su efecto acumulado sigue ganando incidencia dentro del IPC en el 2026.
Por otro lado, los precios de la carne vacuna aumentaron 1,2% a nivel mensual y acumulan 1,4% en el 2026, con una incidencia de 0,4% sobre la inflación interanual. El resultado respondió a una combinación de menor disponibilidad de oferta doméstica, mayor demanda estacional durante el mes y precios internacionales firmes, que incentivaron una mayor orientación exportadora por encima de la disponibilidad interna.
Los servicios agregan una lectura complementaria al IPC de mayo. Con una inflación interanual del 4,0%, el resultado combinó una demanda interna sostenida con aumentos puntuales en reparaciones de vivienda y transporte interurbano de pasajeros, segmentos donde los mayores costos operativos incidieron directamente sobre los precios finales.
Aun así, los indicadores de corto plazo continúan mostrando un dinamismo favorable en la actividad económica y en los niveles de venta. Esto sugiere que la inflación observada hasta ahora no generó una contracción relevante en la economía. La inflación de bienes se ubicó en 1,6% interanual, por debajo de la de servicios.
Esta brecha confirma que la presión sigue concentrada en servicios y en algunos componentes volátiles y no se extendió, hasta el momento, de forma amplia al resto de la canasta, en línea con un índice general que todavía acompaña más de cerca la trayectoria de los bienes que una aceleración generalizada de precios.
La inflación SAE (+), que excluye alimentos, combustibles y regulados, se ubicó en 1,1% interanual y la apreciación del guaraní continúa moderando productos importados y durables, compensando parte de las presiones. Con la TPM en 5,50% desde febrero y las expectativas ancladas en 3,5%, la política monetaria conserva margen para sostener una postura neutral.
Ese margen también se refleja en el costo de sostener la política monetaria. En el primer cuatrimestre de 2026, el costo total de la política monetaria acumuló aproximadamente USD 53,6 millones, 3,1% por debajo del mismo periodo de 2025, cuando la inflación promediaba un 4%.
De cara al resto del año, el escenario base se sostiene mientras el “pass-through” permanezca contenido bajo las premisas señaladas, con las expectativas de inflación al cierre del año en torno al 3,5% - 3,7% y sin presión inmediata para ajustar la política monetaria.
El riesgo, en cambio, se concentra en el deterioro de los principales amortiguadores. Precios volátiles combinado con señales de segunda ronda, erosionaría el margen de absorción que hoy contiene el índice general del IPC. En ese escenario, el episodio podría extenderse al resto de la canasta y empujar la inflación por encima de la meta.
Para los próximos meses, el efecto sobre la inflación dependerá del tiempo en que persista el shock. Con rezagos de transmisión durante los primeros cuatros meses, una presión más prolongada del petróleo podría filtrarse hacia los componentes menos volátiles a medida que la demanda doméstica valida los nuevos niveles.

