El sector energético paraguayo atraviesa una situación preocupante marcada por el atraso en la ejecución de proyectos de generación, pese al fuerte crecimiento de la demanda. Así lo advirtió Ángel Recalde, exconsejero de Yacyretá, quien alertó que el país podría perder su histórica ventaja como exportador de energía si no se toman medidas urgentes.
Según explicó a Universo 970 AM/Nación Media, Paraguay cuenta actualmente con una capacidad instalada cercana a 8.770 megavatios, de los cuales alrededor de 7.600 están disponibles.
Sin embargo, la demanda viene creciendo a un ritmo acelerado. Solo en el último año aumentó en más de 600 megavatios, lo que refleja una presión cada vez mayor sobre el sistema eléctrico. Recalde señaló que este crecimiento no está siendo acompañado por nuevas inversiones en generación.
Leé también: Baja del dólar y combustible caro agobian a productores de bananas
Recordó que el plan maestro de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) 2021-2040 preveía el desarrollo de pequeñas centrales hidroeléctricas y proyectos solares desde hace varios años, pero estos no se concretaron.
“El atraso es de al menos cinco años”, sostuvo, al mencionar que para este momento el país ya debería contar con unos 700 megavatios adicionales distribuidos en distintas fuentes. Sin embargo, la mayoría de esos proyectos no avanzó, debido a trabas legales, cambios normativos y falta de ejecución.
Más demanda, sin nuevas fuentes
Uno de los factores que agrava la situación es el aumento de nuevas actividades intensivas en consumo energético, como la criptominería y la posible instalación de data centers. Estas inversiones, si bien son positivas para la economía, incrementan significativamente la demanda eléctrica.
“El país está atrayendo inversiones con tarifas competitivas, pero no está ampliando su capacidad de generación”, advirtió. Esto genera un desequilibrio entre oferta y demanda que, de no corregirse, podría llevar a Paraguay a depender de la importación de energía en el mediano plazo.
Recalde enfatizó que el país aún cuenta con un margen de energía disponible, pero cada vez más reducido. La diferencia entre la capacidad operativa y la demanda efectiva se está achicando rápidamente, lo que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema.

