El sector externo paraguayo está transitando desde un esquema dominado por flujos reales, caracterizado por la estacionalidad agroexportadora en los primeros trimestres del año y las importaciones en los últimos, hacia uno donde los flujos financieros empiezan a cobrar mayor relevancia en la economía.
El comercio exterior cerró febrero de 2026 con una balanza comercial deficitaria de aproximadamente USD 77 millones en términos acumulados, en un contexto en el que el ratio exportaciones/importaciones lleva tres años consecutivos por debajo de uno.
Si se analiza únicamente desde el lado de la balanza comercial, implicaría que la economía está creciendo por encima de lo que su capacidad exportadora puede sostener.
En un primer análisis, para el periodo 2014–2025 se observa que las importaciones crecieron sistemáticamente más rápido que la economía en una relación de 1,61 a 1 (elasticidad-ingreso anual de las importaciones). Esto implica que, en promedio, por cada 1 % que creció el PIB en dicho periodo, las importaciones lo hicieron a un ritmo de 1,61 %. Las proyecciones estiman un crecimiento económico del país para el 2026 en torno al 4 % y las importaciones alrededor al 2,7 %.
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Otra lectura relevante, surge de la composición de las importaciones. En particular, la participación de bienes de capital dentro del total importado pasó de 33 % en 2015 a cerca de 40 % en 2025, reflejando un proceso sostenido de inversión que acompaña el crecimiento de la economía. Lo que evidenciaría una composición de la canasta importadora hacia bienes de inversión.
En paralelo, la participación de los combustibles representó un 10 % en el 2025. Sin embargo, ante el escenario actual con precios internacionales del petróleo en torno y superiores a USD 100, y en un contexto donde la base importadora crece de manera sostenida, impulsada por la inversión y la demanda interna, un aumento en dichos precios podría transmitirse a través de mayores costos logísticos y del encarecimiento de bienes importados, trasladando el impacto hacia los precios internos.
Sin embargo, los flujos internacionales comienzan gradualmente a desacoplarse de la balanza comercial como su único determinante. En este contexto, lo que sostiene el balance de pagos en un escenario de exportaciones/importaciones por debajo de uno es la profundización de financiamiento externo de distinta naturaleza.
Por ejemplo, al tercer trimestre acumulado de 2025, el déficit de cuenta corriente alcanzó aproximadamente USD 902,5 millones, equivalente al 1,6 % del PIB. En el 2024, dicho déficit había alcanzado USD 1.521,7 millones, equivalente al 2,9 % del PIB. En este contexto, los flujos de los componentes de la cuenta financiera de la Balanza de Pagos se incrementaron en línea con dicho déficit. En particular, la inversión de cartera registró entradas netas en el 2024 por USD 854,5 millones (1,7 % del PIB de 2024), mientras que la Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó su mayor nivel desde 2018.
Entre dichos flujos, la Inversión Extranjera Directa (IED) neta muestra una tendencia de crecimiento aún incipiente en términos relativos, pero sostenida en el tiempo, pasando de 0,3 % del PIB en 2021 a 1,8 % en 2024, con perspectivas de mantener dicho nivel en el mediano plazo.
Entre los principales factores que sustentan dicha dinámica, el BID anunció financiamiento privado por aproximadamente USD 2.000 millones en sectores de energía, infraestructura y desarrollo forestal, que incluye proyectos de gran escala como Paracel en celulosa y Atome en fertilizantes verdes.
En síntesis, un mayor ritmo importador mantendría presión sobre la balanza comercial en el corto plazo. Por otro lado, el desarrollo del régimen de maquila y el desarrollo de proyectos de gran escala con capacidad exportadora tienen el potencial de diversificar gradualmente la canasta exportadora paraguaya, reduciendo su exposición a los shocks del sector primario. Lo cual, podría definir el perfil del sector externo paraguayo en los próximos años.

