El 2026 se proyecta con un “escenario favorable” para el sector de biocombustibles en cuanto a exportaciones tras la firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que abre nuevas oportunidades para la industria. Sin embargo, desde el rubro señalan que este panorama positivo debe ir acompañado de una “política energética integral en la que los biocombustibles no sean vistos como un complemento, sino como una herramienta estratégica”, afirmó Massimiliano Corsi, presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles y Energías Renovables (Biocap).
“La eventual entrada en vigor del acuerdo Mercosur-Unión Europea abre una ventana estratégica para los biocombustibles paraguayos, en un contexto en el que Europa necesita incrementar el uso de energías renovables en el transporte para cumplir sus metas climáticas”, expresó a La Nación/Nación Media.
De acuerdo con datos de comercio exterior del Banco Central del Paraguay (BCP), la industria de biocombustibles cerró el 2025 con envíos por USD 114.829.063, cifra que representa una reducción de 16 % en comparación con el 2024 cuando el valor de las exportaciones alcanzó USD 136.314.072. Haciendo el desglose, se observa un crecimiento en la comercialización de biodiésel que llegó a USD 34.362.694 frente al 2024 que fue de USD 15.277.274.
Destinos y competitividad
“Paraguay exporta actualmente sus biocombustibles a varios mercados internacionales. En Europa, el etanol llega a Países Bajos y España, mientras que el biodiésel se comercializa en países como Reino Unido y Bélgica. Además, existen exportaciones de etanol hacia Brasil y Filipinas, lo que evidencia la competitividad del sector paraguayo más allá de la región”, destacó Corsi.
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En cuanto a política energética, el titular del gremio sostuvo que es clave avanzar en ella, ya que contribuirá a reducir importaciones, ahorrar divisas, además de fortalecer el agro, generar más empleo en el sector industrial y demostrar la competitividad del segmento.
Explicó que los eventos climáticos extremos que se observan en distintas partes del mundo confirman que el cambio climático ya no es una proyección futura, sino una realidad, al añadir que a esto se suma una creciente “inestabilidad internacional: conflictos armados, tensiones geopolíticas, restricciones comerciales y el uso de aranceles como herramientas de presión, y en ese contexto los recursos energéticos tradicionales se vuelven cada vez más disputados mientras la demanda global continúa en aumento”.
“Paraguay, como país mediterráneo, es especialmente vulnerable, ya que depende de terceros para el abastecimiento de combustibles fósiles. Cada crisis internacional que impacta en el precio del petróleo repercute directamente en nuestra economía. Por eso, fortalecer la soberanía energética, reducir la dependencia externa y potenciar la producción de combustibles renovables locales no es una postura ideológica. Es una decisión de realismo estratégico”, remarcó Corsi.

