Las cooperativas y su impacto en la inclusión financiera y el desarrollo local en Paraguay fue una de las investigaciones presentadas y premiadas durante la V Jornada de Economía del Banco Central del Paraguay (BCP). Este estudio arrojó que el cooperativimos no solo amplía el acceso al sistema financiero, sino que también tiene raíces históricas y culturales profundas en la sociedad paraguaya.
El investigador Ever Lezcano, junto a la PhD Velislava Simeonova, desarrollaron una investigación titulada “Inclusión financiera y desarrollo local en Paraguay: el papel de las cooperativas de ahorro y crédito”, en la que hallaron que al año 2024 Paraguay cuenta con cerca de 1.000 cooperativas activas.
Solo en el sector de ahorro y crédito, las cooperativas agrupan a más de 1,8 millones de socios, lo que representa más del 40 % de la Población Económicamente Activa (PEA). Si se consideran todas las modalidades, el 52 % de la PEA está vinculada al sistema cooperativo
“Encontramos que las cooperativas se agrupan en dos modelos o dos tipos en el país. Una, con fuerte arraigo local y social, que son las cooperativas más pequeñas, localizadas en municipios o áreas rurales o ciudades intermedias. Luego están las cooperativas insertadas en las grandes cadenas de valor, que son las agroindustriales y agroexportadoras, especialmente en Itapúa, Alto Paraná, Caaguazú y también en la región Occidental”, explicó Lezcano a La Nación/Nación Media.
El investigador destacó que en algunos municipios, la densidad de socios cooperativistas llega a superar a la población misma, debido a que muchas personas participan en más de una entidad.
“Eso hace también que el desarrollo permee un poco a escala local, no solamente a través de los indicadores macroeconómicos, a través de lo que sea el crecimiento, generación de empleo, exportaciones, sino también a escala local y particularmente la inclusión financiera.”, señaló.
Un modelo con raíces guaraníes
Lezcano resaltó además el carácter histórico del cooperativismo paraguayo, que se remonta tanto a influencias migratorias europeas y asiáticas como a prácticas comunitarias ancestrales.
“Históricamente, el modelo cooperativo siempre estuvo inserto en la cultura paraguaya. Partimos de bases como el jopói, el oñondivepa, el ava mba’e o el tupã mba’e de los guaraníes. Esos son principios cooperativos que ya practicaban con los jesuitas”, afirmó.
Su investigación abarca cinco décadas, desde 1972 hasta 2022, y revela una expansión sostenida de más del 50 % de la población económicamente activa que forma parte de alguna cooperativa. Para Lezcano, esto confirma que se trata de “una plataforma interesante de desarrollo” para equilibrar las disparidades regionales.
Desafíos de gobernanza y transparencia
El investigador también advirtió sobre los desafíos pendientes en la gobernanza y la transparencia. Refirió que en el país existen casos y antecedentes de malas prácticas cooperativas, incluso judicializados.
“Sería interesante fortalecer la transparencia y, por otro lado, integrar a las pequeñas cooperativas con las grandes cadenas industriales para que sean más sostenibles a largo plazo”, puntualizó.
Según el estudio, los problemas más frecuentes se registran en las cooperativas de ahorro y crédito, aunque también se observan dificultades en algunas de producción. Pese a ello, Lezcano sostuvo que el modelo cooperativo demostró resiliencia y capacidad de expansión, consolidándose como un actor fundamental de la democratización financiera en Paraguay.
“El cooperativismo es, por esencia, una economía solidaria basada en la participación ciudadana y comunitaria. Es una plataforma que puede ser útil para un desarrollo más equilibrado y equitativo en el país”, concluyó.
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