Desde hace dos años, dos facciones de narcotraficantes se disputan el poder en la ciudad mexicana.

  • AFP.

Miles de personas marcharon ayer domingo en el estado mexicano de Sinaloa para exigir el fin de la guerra iniciada hace dos años entre facciones del poderoso cártel del narcotráfico fundado en esa región.

“Luto”, “tragedia” y “dolor” son las palabras con las que los manifestantes descri­bieron la ola de violencia surgida en 2024 debido a una traición entre dos lide­razgos del Cártel de Sinaloa y que deja más de 3.000 ase­sinatos.

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La Iglesia católica, empresa­rios y familiares de personas desaparecidas convocaron a la protesta.

Vestidos de blanco, los asis­tentes se reunieron en el emblemático templo de La Lomita, en la ciudad de Culiacán, capital estatal, y después de lanzar globos blancos al cielo se dirigieron a la catedral.

“No queremos más muer­tes así, más asesinatos”, dijo entre lágrimas Maricela Pérez, de 62 años, a AFP. La mujer llevó a la marcha un retrato de su hijo Miguel, asesinado a balazos a los 36 años en mayo, en una cancha de voleibol.

El objetivo de la protesta es que las autoridades “vean que nuestra nación está ago­nizando. Está en un baño de sangre”, afirmó Martín Lim, productor agrícola de 62 años.

ORGANIZACIÓN TERRORISTA

Antes de arrancar la mar­cha, el obispo de Culiacán, Jesús José Herrera, llamó a los delincuentes a cesar la vio­lencia. “Deténganse, miren lo que está ocurriendo, miren a las familias heridas (...), ningún territorio y ninguna ambición vale más que una vida humana”, lanzó.

La guerra intestina en el Cártel de Sinaloa, seña­lado como “organización terrorista extranjera” por Washington, se desató por el secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada a manos de Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo Guzmán. Guzmán López plagió y llevó a Esta­dos Unidos a el Mayo.

Actualmente el Chapo y Zam­bada, cofundadores del Cártel de Sinaloa, cumplen cadena perpetua en Estados Unidos mientras sus herederos se dis­putan el control del grupo cri­minal en México.

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