El saldo de víctimas fatales se estimaba en alrededor de 300, según últimos datos oficiales.

  • AFP.

Colombia avan­zaba ayer domingo en la remoción de escombros tras la destruc­ción provocada hace casi una semana por un potente terremoto, ya con escasas probabilidades de rescatar sobrevivientes. El ruido de las retroexcavadoras, grúas y camiones retumba en las zonas más afectadas por el sismo de magnitud 7.4 que el lunes pasado derribó miles de casas, edificios, hoteles y hospitales, una destrucción que causó casi 300 muertes.

Atrás empiezan a quedar los momentos de silencio que acompañaron largas jorna­das de búsqueda y rescate tras el sismo más letal en Colom­bia en este siglo.

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El terremoto se produjo horas después de la asunción del gobierno del ultradere­chista Abelardo de la Esprie­lla, quien el sábado pidió a su aliado estadounidense Donald Trump la suspensión temporal de aranceles para ayudar a su país.

El oeste de Colombia y la región cafetera fueron las más golpeadas y a casi una semana de la tragedia las esperanzas de encontrar sobrevivientes se reducen.

Cerca de 27.000 viviendas quedaron destruidas, según el último balance del orga­nismo de atención de desas­tres. Y muchos damnificados no tienen adónde ir.

En las ciudades más afectadas por el sismo, muchos edificios fueron marcados con una X roja para alertar el riesgo de colapso y la prohibición del paso para transeúntes. Los campamentos improvisados en parques son refugio para familias enteras. Colombia ha recibido ayudas millona­rias de países como Estados Unidos y organismos como el Banco Mundial.

NO RENUNCIAN

En Cali, una pared de un edificio de cinco pisos que colapsó tras el sismo fue marcada por un resca­tista con una V roja atravesada por una línea horizontal, señal que indica la finalización de las labores de búsqueda de posibles sobrevivientes.

Pero rescatistas voluntarios se niegan a renunciar a encon­trar a algunos de los más de cien desaparecidos por el terremoto, aunque se consi­dera que después de 72 horas caen drásticamente las posi­bilidades de supervivencia.

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