La comisión electoral israelí afirmó este miércoles que no encontró indicios de que se violara la integridad de los comicios de la semana pasada, luego de que el primer ministro, Benjamin Netanyahu, acusara a la minoría árabe israelí de cometer fraude.
El anuncio llega horas antes de que el presidente de Israel, Isaac Herzog, empiece las reuniones para encargar a uno de los candidatos la formación de un gobierno, en la que los partidos árabes israelíes pueden tener un papel clave.
“Se ha completado una auditoría. Todos los reclamos presentados por las facciones políticas fueron revisados y no se encontró nada que indique un daño a la integridad de las elecciones”, afirmó la comisión electoral en un comunicado.
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Netanyahu y su partido, el Likud, han acusado de fraude a las formaciones árabes israelíes, que con su buen resultado en los comicios del 27 de octubre contribuyeron a dejar sin mayoría al longevo primer ministro.
Ante estas presiones, la fiscal general israelí, Gali Baharav-Miara, conminó el martes al jefe del servicio de seguridad interior, David Zini, estrecho aliado de Netanyahu, a presentar cualquier elemento que tuviera para apoyar dichas acusaciones de fraude.
En esta línea, la comisión electoral anunció este miércoles que sus verificaciones no arrojaron “ninguna irregularidad” o indicio de que “los resultados hayan sido alterados”. La comisión detalló que estudió todos los recursos de partidos y particulares, y que examinó a fondo más de 9.000 urnas, “un número sin precedentes”.
Consultas con los partidos
La aclaración reviste gran importancia política, cuando el presidente Isaac Herzog se dispone a recibir a partir de las 15:00 GMT a los representantes de los partidos presentes en el Parlamento. El objetivo, al cabo de esta ronda de consultas, es designar de aquí al 11 de noviembre al encargado que considere más apto para formar el próximo gobierno.
Las negociaciones se anuncian laboriosas, ya que ningún bando logró la mayoría absoluta de 61 escaños. Los partidarios de Netanyahu aunaron 53 asientos, y el bloque principal de oposición, liderado por el centrista Gadi Eisenkot, se quedó en 48 escaños.
El bando opositor, que aglutina a partidos muy diversos que van de la izquierda a la derecha nacionalista, está dividido en varios asuntos. Uno de ellos es la conveniencia de aliarse o no con los partidos árabes israelíes, que lograron un número récord de 19 asientos en la Knéset.
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Con el apoyo que están dispuestos a brindar a Eisenkot, la oposición podría alcanzar así la mayoría parlamentaria y echar del poder a Netanyahu, el primer ministro más longevo en el cargo de la historia del Estado de Israel.
El martes, los cinco dirigentes del “bloque del cambio” dirigido por Eisenkot, un ex jerarca militar, se reunieron para coordinar estrategia. Todos manifestaron su voluntad de acordar un “gobierno de emergencia nacional”, pero sin explicar de momento cómo harán para alcanzar la mayoría.
Fuente: AFP

