Las grandes naciones del mundo ganan peso no solo en el comercio internacional o en su influencia política-militar, también lo hacen a través de la cooperación, que adquiere amplios ribetes debido a la gran cantidad de ámbitos de asistencia. Así, la India, el gigante asiático, busca posicionarse como socio internacional en prevención y respuesta ante catástrofes y es con este objetivo que impulsó una coalición global con sede en Nueva Delhi y de la que es miembro inclusive el Paraguay.

Un hospital militar de campaña asentado en Agra (si, la misma ciudad del Taj Mahal), muestra cómo funciona esa estrategia y en qué episodios de catástrofes han actuado. Un hospital completo —quirófanos, terapia intensiva, ambulancias y personal médico— puede subir a un avión en India y estar operando en otro continente pocos días después de un terremoto.

Esa capacidad, que el Ejército indio ya puso a prueba en Turquía y en Venezuela, resume una faceta poco conocida de la potencia asiática: la de un país que quiere ser reconocido no solo por lo que vende o invierte, sino por lo que puede aportar cuando el drama o el dolor golpean.

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Hace algunas semanas, en Nueva Delhi, un grupo de periodistas latinoamericanos (entre ellos paraguayos) pudo comprobar de qué manera la política exterior tiene otro componente que gana gravitación y consideración mundial: la cooperación frente a desastres. Lo ha hecho en base incluso a sus trágicas experiencias naturales.

Esa estrategia tiene una sede institucional en la capital india: la Coalición para una Infraestructura Resiliente a los Desastres (CDRI, por sus siglas en inglés). Nacida por iniciativa de India, reúne a gobiernos, organismos internacionales y empresas privadas con un objetivo concreto: que carreteras, redes eléctricas, telecomunicaciones y hospitales resistan los efectos de los desastres naturales y del cambio climático, y vuelvan a funcionar rápidamente cuando son afectados.

Amit Prothi, director general del CDRI. Foto: Gentileza

El director general de CDRI es Amit Prothi, un avezado experto mundial en planificación urbana, adaptación climática y soluciones de infraestructura resiliente. Este reconocido funcionario indica destaca que la lógica es preventiva. No se trata de reaccionar después de la tragedia, sino de construir antes de ella. La coalición intercambia conocimiento, financia investigación y brinda asistencia técnica a sus países miembros.

Pero para disponer de este conocimiento, India conoció la experiencia amarga de las catástrofes. Su geografía y su clima la exponen a terremotos, tsunamis, ciclones, inundaciones y olas de calor, y esa experiencia le permitió desarrollar capacidades de prevención, respuesta y recuperación que hoy proyecta hacia el exterior y pone al servicio de aquellos países castigados por la naturaleza, como Bangladesh, Nepal Sri Lanka o últimamente Venezuela.

El Ministerio de Asuntos Exteriores indio lo reconoce de forma explícita: la cooperación para el desarrollo pasó de programas puntuales a convertirse en un componente central de su política exterior, con líneas de crédito, capacitación, proyectos técnicos y asistencia humanitaria.

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El hospital “que viaja”

Si la CDRI representa la prevención, el 60 Para Field Hospital, con base en Agra, muy cerca del Taj Mahal, representa la respuesta cuando el desastre ya ocurrió. Se trata de una unidad médica del Ejército indio preparada para desplegarse en escenarios de emergencia. Tras el terremoto que devastó el sur de Turquía en febrero de 2023, fue enviada junto con equipos de búsqueda y rescate en el marco de la Operación Dost (“amigo”, en hindi), con personal, ambulancias y equipamiento para atender a las víctimas.

Un ejemplo de asistencia fue el que brindaron militares indios en apoyo a los venezolanos tras el violento sismo que sacudió al país caribeño a mitad de año. Foto: Gentileza

En 2026 volvió a cruzar fronteras: participó en la respuesta india al terremoto en Venezuela, dentro de la Operación Amistad, con capacidad para emergencias, trauma, cirugía y cuidados críticos.

El gobierno y el pueblo de India no solo habla de cooperación, la ejerce, asiste: puede mostrar una estructura capaz de desplazarse miles de kilómetros cuando otro país la necesita. En una época de fenómenos climáticos cada vez más extremos, esa capacidad de respuesta empieza a ser también una forma de poder.

Esta política se inscribe en una ambición más amplia. India busca que su peso económico, demográfico y tecnológico se traduzca en influencia internacional, y apuesta para ello al multilateralismo y a la cooperación entre países en desarrollo.

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La iniciativa Voice of Global South, impulsada por Nueva Delhi para reunir a naciones en desarrollo en torno a problemas comunes, es una muestra de esa vocación: ganar voz en un sistema internacional históricamente dominado por las potencias occidentales.

Actualmente, 72 países integran esta coalición, entre ellos el Paraguay. Foto: Gentileza

En ese punto, la distancia geográfica con América Latina se achica. Ambas comparten la condición de pertenecer al mundo en desarrollo que reclama más autonomía y más participación en las decisiones globales. La Cancillería india incluye entre sus prioridades la ampliación de la cooperación económica y técnica con la región.

¿Qué puede ser útil para el Paraguay?

El fenómeno climático conocido como El Niño, que trae abundantes precipitaciones en el país, bien puede significar un escenario en el cual el Paraguay puede recurrir a la mano solidaria de la India. Nuestro país enfrenta inundaciones, tormentas severas, incendios forestales y déficits de infraestructura que convierten cada evento climático extremo en una emergencia.

Por eso, la relación con India no debería medirse solo por la balanza comercial. La pregunta no es únicamente qué puede venderle Paraguay a India, sino qué conocimientos, tecnologías y experiencias puede incorporar de ella: gestión de riesgos, infraestructura resiliente, salud, agricultura y manejo del agua.

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