Jonathan Meléndez sabía que recibiría a un hombre que le generaba desconfianza. Lo que no podía imaginar era que aquella visita terminaría con su vida, la de su esposa embarazada, su pequeña hija y una trabajadora de la familia. La investigación apunta a una disputa económica con un hombre que conocía y en quien habían confiado.
Una advertencia enviada horas antes. Una puerta que se abrió porque quien estaba detrás era conocido. Una mujer embarazada y una niña de apenas tres años sometidas dentro de su propia casa. Un niño de seis años obligado a esconderse para intentar sobrevivir.
Y después, el horror. El asesinato del músico Jonathan “Honas” Meléndez y de su familia conmociona a México y deja una pregunta que todavía busca respuesta: ¿cómo una disputa económica pudo terminar en una tragedia de semejante crueldad?
La principal línea de investigación de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México conduce hacia Diego Sebastián Rosen Ferlini, empresario argentino de 51 años, detenido como principal sospechoso del multihomicidio ocurrido en un penthouse de la exclusiva Zona Esmeralda, en Atizapán de Zaragoza.
Pero detrás de la investigación hay un dato que vuelve el caso todavía más estremecedor: el señalado no sería un desconocido que irrumpió desde afuera. Era alguien cercano a la familia.
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“Si dejo de responder, pedí ayuda”
Horas antes del crimen, Jonathan habría advertido a un amigo que recibiría en su casa a un hombre al que describió como “muy intenso”. No se quedó allí. Según el relato difundido sobre el caso, le hizo un pedido inquietante: si dejaba de responder, debía pedir ayuda.
La persona que esperaba sería, de acuerdo con las pesquisas, Rosen Ferlini, a quien Jonathan conocía por su relación comercial y personal.
Su esposa también lo conocía. Por eso, cuando llegó, no hubo una puerta cerrada ni una alarma que se activara ante un extraño. Ella le abrió. La mujer estaba embarazada de cuatro meses. Su hija tenía apenas tres años.
Y en algún momento, dentro de aquella vivienda que debía ser el lugar más seguro para la familia, todo se convirtió en una escena de terror.
Único sobreviviente
Mientras el hombre habría sometido a la mujer y a su pequeña hija, la trabajadora doméstica se percató de que algo no estaba bien. Intentó proteger al niño de seis años. Le dijo que se escondiera debajo de una cama. El pequeño obedeció. La trabajadora no tuvo la misma posibilidad de escapar. Fue asesinada. El niño sobrevivió.
Es uno de los detalles más dolorosos de un caso en el que una familia quedó expuesta a una violencia que, según la investigación, habría sido dirigida contra personas que confiaban en quien ingresó a su hogar.
Cuando Jonathan regresó, la situación habría tomado otro rumbo. Según la hipótesis investigativa, el sospechoso le exigió que dijera dónde estaba el dinero. Y allí aparece una posible clave del crimen.
Una deuda que terminó bajo la lupa
La Fiscalía investiga una deuda de 300.000 pesos mexicanos, unos US$17.500, además de diferencias vinculadas a la sociedad comercial que ambos mantenían en el rubro de alquileres vacacionales de lujo. Ese conflicto económico aparece actualmente como una de las principales líneas para establecer el móvil, de acuerdo a lo informado por Telemundo.
Rosen Ferlini, además, habría sido objeto de señalamientos y denuncias públicas por presuntos fraudes vinculados a negocios turísticos. Tales antecedentes forman parte del contexto que rodea al sospechoso, pero deberán ser esclarecidos por las autoridades.
Lo que la investigación intenta determinar ahora es si la disputa económica fue realmente el detonante de la masacre y si el ataque fue planificado. Porque hay algo que resulta difícil de ignorar: no se trataría de un encuentro casual ni de una víctima elegida al azar.
La tragedia detrás de los números
Una deuda puede escribirse en una hoja. Puede convertirse en una demanda, una negociación o un conflicto comercial. Pero en este caso, la investigación intenta determinar cómo una cifra de 300.000 pesos pudo terminar vinculada a una tragedia que destruyó una familia.
Jonathan fue asesinado. Su esposa, embarazada de cuatro meses, también. Su hija de tres años no sobrevivió. Una trabajadora que intentó proteger a un niño fue asesinada. Y ese niño quedó con vida, pero con el recuerdo de una jornada que ninguna infancia debería conocer.
La Fiscalía deberá reconstruir cada minuto, establecer responsabilidades y determinar el verdadero móvil.
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