Las inundaciones en la frontera entre China y Nepal ocurridas el 26 de agosto han causado la muerte de al menos 1.252 personas del lado nepalí, casi cincuenta más que en el anterior reporte, informó el organismo de gestión de desastres de este país el jueves. Del lado chino, los medios estatales reportaron por su lado que 21 personas murieron en la región autónoma del Tíbet, lo que sitúa el balance total del desastre en 1.273 víctimas mortales.

En cuanto a los desaparecidos, siguen siendo 4.216 en Nepal, mientras continúan las operaciones de búsqueda y rescate. En China, la prensa estatal habla de 541 desaparecidos, con lo que el total asciende a 4.757. Unos 600 ciudadanos extranjeros de más de 30 países siguen desaparecidos, dentro de ese total.

Las agencias de ayuda de Nepal dijeron que se plantean desplegar porteadores para asistir a los distritos más afectados cerca de la frontera con China. Durante mucho tiempo considerados la columna vertebral de las expediciones de senderismo y montañismo en Nepal, los porteadores son conocidos por cargar pesadas mochilas durante días a través de senderos empinados y en condiciones difíciles.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

“La belleza de su país es que cuentan con porteadores. Por eso también tenemos que recurrir a estos medios tan sencillos para hacer llegar la ayuda lo antes posible.”, declaró a la prensa en Katmandú Lila Pieters Yahia, la coordinadora residente de la ONU para Nepal. Mientras tanto, soldados del ejército nepalí y los equipos de rescate, incluidos expertos extranjeros, continuaron el jueves la búsqueda de sobrevivientes que se teme permanezcan atrapados dentro de varios túneles hidroeléctricos.

“Tuvimos una suerte increíble”

Natalia Rjumin-Girardet, una peregrina suiza que escapó por poco al mortífero deslave en Nepal mientras realizaba un viaje espiritual al monte Kailash, en el Tíbet, afirma que la salvó la “providencia divina”. Esta profesora de yoga de 70 años viajaba en autobús con un grupo de ocho peregrinos de distintas nacionalidades por una carretera junto al río Bhotekoshi cuando se produjo la catástrofe.

“De repente, vi al cocinero [del grupo] saltar por la ventanilla del autobús. Alguien abrió la puerta y vi una enorme montaña (...) entre la niebla”, contó Rjumin-Girardet a AFP por teléfono desde un hotel de Katmandú.

Entonces se dio cuenta de que la “montaña” era en realidad una “enorme ola de agua y barro”.

“Vi que todos empezaban a correr, así que yo también eché a correr”, relató con voz temblorosa. “Creo que tuvimos un minuto, quizá dos, para salir del autobús”.

Esta mujer nacida en Rusia, de pelo corto y canoso, explicó que, por suerte, había una pequeña escalera de cemento justo al lado del lugar donde se había detenido el vehículo, lo que permitió al grupo escapar.

Después de subir las escaleras, “corrimos” ladera arriba. Todos se encontraban en estado de “shock”.

“Esas escaleras nos salvaron”, afirmó. “Tuvimos una suerte increíble”.

Una vez se dio cuenta de que estaba a salvo, Rjumin-Girardet se dio la vuelta y vio la devastación que había abajo.

“Vi cómo la ola se llevaba casas, coches e incluso autobuses”, relató. “Fue realmente horrible”.

Su hotel y todo el pueblo de Syabrubesi, donde habían pasado la noche, habían quedado completamente destruidos.

Desesperación

Según las últimas cifras, los equipos de rescate han recuperado más de 1.100 cadáveres, mientras cerca de 4.500 personas siguen desaparecidas después de que una gigantesca ola de agua helada, rocas y escombros provocada por el derrumbe de un glaciar arrasara el 26 de agosto la frontera entre China y Nepal.

Los miembros del grupo de Rjumin-Girardet, que iban a una peregrinación al sagrado monte Kailash, en la región tibetana de China, consideran su supervivencia un “milagro”.

“Fue la providencia divina”, asegura. “Si hubiéramos llegado dos o tres minutos antes o después, quizá no habríamos tenido la suerte de salvarnos”.

Los supervivientes pasaron la primera noche después de la riada apiñados en un pequeño granero en lo alto de una colina, bajo el frío y la lluvia.

“Apenas dormimos”, recuerda.

A la mañana siguiente, un helicóptero los evacuó a una zona donde quedaron a cargo de militares, antes de ser trasladados a Katmandú.

En Katmandú, las familias desesperadas de extranjeros desaparecidos seguían aferrándose este jueves a la esperanza mientras recorrían hospitales y morgues en busca de información.

A las puertas de la sede de la policía turística de Katmandú, Sanjeev Rai vive una angustiosa incertidumbre.

Este estadounidense de 53 años viajó a Nepal después de saber que su esposa, Jiwan Jyoti, estaba desaparecida cuando regresaba de una peregrinación al monte Kailash.

“El día que llegué dije: busquemos un helicóptero, voy a buscarla”, contó Rai a AFP.

Pero Timure, el pueblo del distrito de Rasuwa donde se encontraba cuando se produjo la catástrofe, sigue siendo inaccesible y peligroso.

“Me siento desesperado, han pasado ya muchos días”, afirma.

Las inundaciones del 26 de agosto se han convertido en una de las catástrofes más mortíferas que han golpeado al país del Himalaya en los últimos años.

Según la policía nepalí, unos 294 extranjeros han sido rescatados, la mayoría ciudadanos chinos e indios. Pero 583 extranjeros siguen desaparecidos, muchos de ellos peregrinos.

Fuente: AFP.

Déjanos tus comentarios en Voiz