El Gobierno de Corea del Sur modificó uno de los pilares de su política hacia Corea del Norte al priorizar un enfoque orientado a reducir las tensiones en la península, incluso sin exigir como condición inmediata el abandono del programa nuclear de Pyongyang. El cambio refleja el reconocimiento de que las iniciativas impulsadas durante décadas para lograr la desnuclearización no han impedido el continuo fortalecimiento militar del régimen norcoreano.
El ministro de Unificación surcoreano, Chung Dong-young, explicó este jueves que Seúl adoptará una estrategia de “paz primero”, al considerar que la República Popular Democrática de Corea continúa desarrollando su capacidad nuclear pese a los reiterados llamados internacionales para frenar ese programa.
Según el funcionario, el nuevo esquema buscará generar incentivos y beneficios mutuos si Pyongyang acepta detener la producción de nuevas armas nucleares, una fórmula que pretende abrir espacios de diálogo sin renunciar a la meta de reducir la amenaza atómica en la región.
La decisión representa un cambio de enfoque respecto a la política tradicional de Corea del Sur, que durante años situó la desnuclearización como requisito indispensable para avanzar en la cooperación bilateral. Ahora, el Ejecutivo surcoreano parece inclinarse por una estrategia gradual, basada en la construcción de confianza y la disminución del riesgo de una escalada militar.
Del lado norcoreano, el líder Kim Jong-un ha reiterado que el fortalecimiento de su arsenal responde a lo que considera una creciente presión militar de Estados Unidos y sus aliados. En recientes declaraciones, sostuvo que el país debe continuar ampliando sus capacidades defensivas y ordenó acelerar el desarrollo de nuevos sistemas de armamento para mantener una capacidad de disuasión superior frente a cualquier amenaza externa.
Programa nuclear no dejó de avanzar
El cambio de postura de Seúl ocurre mientras Corea del Norte mantiene uno de los programas nucleares más controvertidos del mundo. Desde su primera detonación atómica en 2006, el régimen ha realizado seis pruebas nucleares, la más reciente en septiembre de 2017, considerada la de mayor potencia hasta la fecha. De acuerdo con estimaciones internacionales, aquella explosión alcanzó entre 140 y 250 kilotones, varias veces superior a las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.
Aunque desde 2017 Pyongyang no ha vuelto a efectuar ensayos nucleares subterráneos, organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y expertos en proliferación sostienen que el país continuó expandiendo sus instalaciones para producir material fisible y desarrollar nuevos sistemas de lanzamiento.
A ello se suma una intensa actividad en materia de misiles balísticos. Durante los últimos años, Corea del Norte realizó decenas de lanzamientos de corto, mediano e intercontinental alcance, incluyendo misiles capaces, según diversos análisis, de transportar ojivas nucleares y alcanzar territorio estadounidense.
Las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas prohíben expresamente a Corea del Norte desarrollar armas nucleares y misiles balísticos. Sin embargo, las sanciones internacionales no lograron detener el avance del programa militar, lo que llevó a varios gobiernos de la región a replantear sus estrategias diplomáticas.
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