La guerra en Oriente Medio ilustra la creciente importancia de la inteligencia artificial en los conflictos, especialmente para el análisis de información y la selección de objetivos, pero su fiabilidad y su papel en el proceso de decisión de los ataques siguen siendo objeto de acalorados debates. Guerra en Gaza, en Ucrania, la captura de Nicolás Maduro: la IA se ha convertido en un componente esencial en toda operación militar.
Por ahora se desconocen los usos concretos de la IA en el conflicto actual en Oriente Medio. Sin embargo, según los expertos, es probable que Israel y Estados Unidos -que han llevado a cabo miles de bombardeos contra Irán desde el inicio de la guerra el 28 de febrero- la hayan utilizado, especialmente para acelerar la realización de las operaciones.
Hoy en día, “todas las potencias militares importantes invierten enormemente en las aplicaciones militares de inteligencia artificial”, afirma Laure de Roucy-Rochegonde, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales. “Prácticamente todas las funciones militares pueden potenciarse con la IA”, agrega la investigadora, citando entre otras “la logística, el reconocimiento, la observación, la guerra de información, la guerra electrónica, la ciberseguridad”.
Aceleración de la “kill chain”
Además de su aplicación en drones de ataque y armas semiautomáticas, uno de los usos más conocidos de estas tecnologías es la reducción de lo que los militares llaman la “kill chain”, es decir, el tiempo entre la detección de un objetivo y el ataque. El ejército estadounidense utiliza la plataforma Maven Smart System (MSS), creada por Palantir, que le permite identificar objetivos potenciales y clasificarlos jerárquicamente.
Según The Washington Post, el modelo IA de Anthropic, Claude, está integrado en Maven y aumenta sus capacidades de identificación y simulación. Las empresas Palantir y Anthropic no respondieron a las solicitudes de AFP.
Los algoritmos “nos permiten procesar la información mucho más rápido y, sobre todo, ser más exhaustivos”, explica Bertrand Rondepierre, que dirige la agencia encargada de desarrollar la IA en el ejército francés (Amiad). La IA permite analizar enormes cantidades de datos, “desde imágenes de satélite, radar, electromagnéticas, sonido, imágenes de drones, hasta videos en tiempo real en ocasiones”, agrega el ingeniero.
“¿Quién es responsable?”
El uso de la IA plantea sin embargo numerosas cuestiones morales y jurídicas, en particular sobre el control humano de estas tecnologías. El debate surgió especialmente con la guerra en Gaza, donde los israelíes utilizaron un programa bautizado “Lavender” para identificar objetivos en el territorio palestino, con un margen de error.
Lavender pudo utilizarse en Gaza, según Laure de Roucy-Rochegonde, “porque se trataba de un territorio muy reducido” y estaba “asociado a un sistema de vigilancia en masa” de los habitantes del enclave costero. “Parece menos probable que un sistema de esta envergadura se haya implantado en Irán”, considera.
“Si algo sale mal, ¿quién es responsable?”, señala Peter Asaro, presidente de la oenegé Comité internacional para el control de las armas robotizadas. Asaro citó el presunto bombardeo de una escuela en Irán, en la ciudad de Minab, que causó 150 muertos según las autoridades iraníes. Ni Estados Unidos ni Israel han reconocido ser los autores de este ataque, pero Washington dijo que está investigando.
La ONU exigió que la investigación sea “rápida” y “transparente”, y esperó que “los responsables rindan cuentas”. Varios medios, entre ellos The New York Times, afirman que el edificio se encontraba cerca de dos emplazamientos de los Guardianes de la Revolución iraníes.
“No distinguieron la escuela de la base militar como deberían haber hecho (...) pero ¿quiénes son?”, se pregunta Peter Asaro. ¿Humanos o máquinas? Si se utilizó la IA, la cuestión clave, según él, es saber “cuál es la antigüedad de los datos” empleados y si se trata de un “error de base de datos”.
“Confianza” y “control”
Para Bertrand Rondepierre, pensar que las IA “operan sin que nadie tenga el control” es “ciencia ficción”. En Francia, “el mando militar está en el centro de la acción y de la concepción de estos sistemas”, señala. “Ningún responsable militar aceptaría utilizar la IA si no tiene confianza y control sobre lo que hace”, agrega. “Saben qué riesgos conlleva, cuáles son los márgenes de maniobra de estos sistemas y en qué contexto pueden utilizarlos, con qué nivel de confianza”, asegura Rondepierre.
El uso de la IA por parte de los ejércitos se encuentra, en cualquier caso, en una fase “muy inicial”, explica Benjamin Jensen, del centro de reflexión CSIS en Washington, que participó durante los últimos diez años en experimentos sobre la IA y la toma de decisiones militares. Los ejércitos aún no han “replanteado fundamentalmente la forma en que planifican y llevan a cabo las operaciones para aprovechar al máximo estas innovaciones”, agrega. “Probablemente hará falta toda una generación para que comprendamos realmente cómo explotar todo esto”.
El “Gorrión azul” israelí
Como en cada conflicto, la guerra que opone Irán a Estados Unidos e Israel constituye un banco de ensayo para la utilización en combate de armamentos nuevos o hasta ahora desconocidos.
Fue con misiles Blue Sparrow (“Gorrión azul”) que los israelíes mataron, según informaciones de The Wall Street Journal y Financial Times, al guía supremo iraní Alí Jamenei el 28 de febrero por la mañana. El Blue Sparrow es lanzado por aviones de combate F-15 israelíes. Como los otros misiles balísticos, se eleva a un centenar de kilómetros de altitud antes de descender hasta su objetivo a gran velocidad.
Desarrollado por la firma israelí Rafael -muy discreta sobre el tema-, el Blue Sparrow pertenece a una familia de misiles junto con el Black Sparrow y el Silver Sparrow, concebidos originalmente para servir de objetivos a los sistemas de defensa antimisiles. El Blue Sparrow, de 6,5 metros de longitud y 1.900 kilos de peso, fue desarrollado especialmente para interceptar misiles como los Scud-C/D iraquíes, según una ficha técnica de Rafael de 2023.
Durante la guerra de los 12 días que opuso Israel a Irán en junio de 2025, los “misiles aerobalísticos Blue Sparrow y Silver Sparrow posibilitaron alcanzar los diferentes objetivos a distancias enormes – 1.000 kilómetros para el primero y 2.000 kilómetros para el segundo”, dijo en julio el jefe del Estado Mayor de la Fuerza aérea y del Espacio francesa, el general Jérôme Bellanger, ante los diputados de la comisión de Defensa. El alcance del misil permite disparar desde una distancia segura, sin entrar en la zona donde el avión que lo lleva podría ser derribado por los sistemas antiaéreos.
Lucas, el Shahed estadounidense
El Lucas es un dron kamikaze de largo alcance y bajo costo con forma de ala voladora que se parece hasta confundirse al Shahed-136 iraní, del que está inspirado. Preguntado en una rueda de prensa el jueves, el almirante Brad Cooper, comandante del Centcom estadounidense, responsable de las operaciones en Oriente Medio, lo consideró “indispensable” en el conflicto que opone a Estados Unidos e Israel a Irán.
“En un principio, se trata de un dron de diseño iraní. Agarramos uno, lo desosamos, lo enviamos a Estados Unidos, le pegamos un pequeño ‘Made in America’ encima, lo trajimos aquí y ahora disparamos contra los iraníes con él”, relató. Se utilizó “por primera vez” el primer día del conflicto desde un país no precisado en el Golfo por una unidad denominada Task Force Scorpion Strike, según el Centcom. Los detalles sobre sus características son escasos. Lo fabrica la empresa estadounidense SpektreWorks, que lo derivó de su dron-objetivo FLM136. Este puede volar a 137 km/h a lo largo de más de 800 kilómetros.
Su costo de “unos 35.000 dólares”, según un portavoz del Centcom citado por el sitio especializado The War Zone, permite su uso masivo cuando el de un misil de crucero, más avanzado y destructor, supera el millón de dólares. El Shahed-136 del que se inspira es empleado por centenares por parte de Irán contra los países del Golfo. También fue suministrado a Rusia, que lo produce ahora por miles con el nombre de Geran-2 en su guerra contra Ucrania.
El bautismo de fuego del misil PrSM
Este misil balístico táctico es el sucesor del ATACMS, durante mucho tiempo reclamado por Ucrania a Estados Unidos para bombardear las posiciones rusas en profundidad. El PrSM, también disparado con el lanzador Himars, ha sido empleado por primera vez en combate en la guerra en Oriente Medio que comenzó el sábado pasado, anunció el Centcom.
Mientras que el ATACMS puede bombardear hasta a 300 kilómetros, el alcance del Precision Strike Missile (misil de bombardeo de precisión) “supera los 400 kilómetros” y “supone un salto cuántico en las capacidades de bombardeo de precisión” en comparación con su predecesor, según el ejército de Estados Unidos.
Su fabricante, el gigante estadounidense Lockheed Martin, obtuvo en marzo de 2025 un contrato de 4.900 millones de dólares para su producción, a ritmo de 400 misiles anuales. Versiones ulteriores del misil podrían ampliar su alcance futuro hasta los 1.000 kilómetros, según el ejército estadounidense.
Fuente: AFP.

