En Grecia, la paraguaya completó su sexto Spartathlon de 246 kilómetros tras más de 35 horas de recorrido.

La ultramaratonista para­guaya Karina Molinas com­pletó recientemente en Grecia el Spartathlon de 246 kilómetros y lo hizo por sexta vez en su carrera. En la edición 2026 registró un tiempo total de 35 horas, 20 minutos y 22 segun­dos del recorrido, que unió las ciudades de Atenas y Esparta.

Cruzó la meta a los pies de la estatua del Rey Leónidas, fina­lizando la extenuante prueba antes del límite de 36 horas, que impone la organización, logro que definitivamente la afirma como referente del atletismo de ultradistancia en represen­tación de Paraguay.

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Venció al impredecible clima con lluvia, frío y calor. Al cansan­cio, y una inflamación en la tibia que le ardía durante la compe­tencia. Fue la única paraguaya entre más de 400 competido­res. Maite Rojo, una reconocida ultramaratonista española, es su entrenadora.

“Me enorgullece, me pone muy feliz que llegando a la estatua de Leónidas, ver la bandera para­guaya. Estoy mostrando, que el paraguayo también puede ter­minar una de las carreras más difíciles. Que el mundo conozca la garra guaraní”, comentó Karina Molinas, en charla con La Nación del Finde.

Recordó que en el 2018 fue su primer Spartathlon, con un tifón de por medio y muchos dudaron que podía lograrlo.

“Tengo seis finisher desde entonces, me consideran una legendaria del Sparta. En el recorrido, este año algunos corredores me preguntaron cómo hago para terminar. Todo eso me enorgullece, que tenga un lugar ganado en el mundo del ultramaratón”, valoró.

Refiere que lo diferente hasta ahora es la preparación, ya que su cuerpo asimila mejor el des­gaste. “Mi mente busca supe­rar obstáculos, el corazón no se rinde. Cada Spartathlon es distinto. El que tiene más expe­riencia, mejor preparación, o el cuerpo más madurado en ultra­maratones, no se asegura ter­minar. El clima es impredecible, uno tiene que estar preparado y tener estrategia para avanzar, sobre todo, sobrellevar los cor­tes, que lo hace especial y duro con relación a otras carreras”, explicó.

MOMENTOS COMPLICADOS

En momentos complicados, pensar en su hija la ayudó, quien siempre entendió su ritmo de vida, una de las personas que la sostienen. Diego, su pareja, la animó para seguir en medio del cansancio y la lesión en la tibia, que arrastraba desde el kilómetro 110.

“Necesitaba correr para recupe­rar mi tiempo, sobre todo ase­gurar la llegada. Sabía que los últimos 50 kilómetros eran muy duros, 30 aproximadamente de subidas”, señaló.

El Monte Partenio es en el kiló­metro 159, base de la montaña. El punto de quiebre fue luego de descender la montaña en el kilómetro 170 en el pueblo Nes­tani, donde el año pasado hizo su mejor marca.

“Este año llegué casi amane­ciendo, me entró la duda si lle­gaba a los pies de Leónidas. Me di cuenta que llegué más tarde a ese PC. Me entró desesperación, luego me dije que había entrenado para seguir corriendo”, admitió.

Agradeció a las marcas que la apoyan. Este año trabajó mucho la parte espiritual, haciendo yoga para calmar la mente, des­tacó la atleta que se “enorgu­llece” de ser la segunda mujer latina con más finisher en Spar­tathlon.

“No me gusta decir que es un sacrificio, porque suena como sufrimiento, pero si hay mucho esfuerzo para llegar. Desde conseguir la marca, llegar con lo económico, estar en la línea de largada así como terminarla. En mi caso, no vivo de esto, pero vivo para esto. Este año entrené mucho más volumen de kilóme­tros semanales”, concluyó.

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