El músico plantea su arte como registro de una visión de mundo, como una herramienta de lucha por una idea y como una forma de comprometerse con los que considera sus pares.
- Por Jimmy Peralta
- Fotos: Gentileza
Dani Moreno Vinader es una de las figuras de la escena artística local que se enmarca a sí mismo dentro de límites ‘geográficos’ del oficio de cantautor. Desarrolla su carrera dentro un territorio que en otro tiempo tuvo un papel protagónico en la narrativa colectiva, y que a pesar de no ser central hoy, sigue siendo fundamental por su función artística de plantear las preguntas y las propuesta sobre la realidad social y material de sus pueblos.
“El cantautor es el artista que canta historias, ideas, sentimientos, mediante sus propias canciones interpretadas por él mismo. Me considero un aprendiz en este oficio. Hay muchas cantautoras jóvenes y cantautores jóvenes que están mostrando sus obras con gran calidad interpretativa y es importante que los medios nos apoyen, porque cantamos para que el pueblo nos escuche, si no, no llegamos al objetivo”, comenta Dani, en conversación con La Nación.
La música estuvo presente en su vida desde pequeño. Su madre fue violinista de la Orquesta Sinfónica de Asunción, y además de tener instrumentos en su casa, también fue a través de ella, sus discos y cassettes, que conoció la música que lo iba a marcar de por vida.
“Todo lo que hacemos tiene un contenido político. No existe la neutralidad, pero sí existe mucho silencio que oculta muchas verdades, desconocidas por la mayoría del pueblo, ocultas por miedo. Siempre he estado del lado de los que no son escuchados, silenciados o prohibidos: ‘Por quienes canto yo’ es mi canción en rasguido doble que lo dice por sí misma. Porque el poder no reconoce hasta hoy los crímenes políticos como: detenciones arbitrarias extrajudiciales, torturas, crímenes y desaparecidos que son buscados en nuestro país y en todas partes del mundo”, señala.
Moreno plantea una visión de mundo y en particular encarna una misión del artista, es así que recuerda a algunas de las figuras locales que en su tiempo no pudieron decir su arte en Paraguay, como fue el caso de José Asunción Flores, Augusto Roa Bastos, Carmen Soler, Elvio Romero, entre muchos otros.
“El cantautor siempre tiene el mismo oficio, es un relator de su tiempo y canta las historias por medio de canciones. Es lo que hicieron los juglares. Aunque existen canciones sin mucho contenido o mensajes, nos han tildado de ‘canción protesta’ en época de la dictadura, pues hoy tenemos canciones con propuestas”, comenta.
INFLUENCIA
Después de vivir más de dos décadas en Santa Cruz, Bolivia, en la actualidad Moreno Vinader vive nuevamente en Paraguay, y cuenta con un total de 7 álbumes editados, a través de los que desarrolló un itinerario continental componiendo en los distintos ritmos tradicionales de los países de América Latina. Su influencia artística, además de su imagen materna envuelta de música, la recibe de los cantautores latinoamericanos, desde lo musical, pero fundamentalmente desde la mirada, desde las historias, desde contar, lo que él llama, las verdades ocultas.
“Tengo gran admiración por Emiliano R. Fernández, Maneco Galeano, Agustín Barboza, Carlos Noguera de nuestro país. También por Silvio Rodríguez y Pablo Milanés cubanos; Victor Jara y Violeta Parra, chilenos; Teresa Parodi, María Elena Walsh, León Gieco y Victor Heredia de Argentina, Joan Manuel Serrat, Pedro Pastor y Eduardo Aute españoles, Chico Buarque, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Milton Nascimento de Brasil; Daniel Viglietti, Jaime Roos, Jorge Drexler de Uruguay. Además de colegas contemporáneos de aquí como Alberto Rodas, Victor Riveros, Ulises Silva, Hugo Ferreira, Lizza Bogado, María Ríos, y todos los que formamos parte del Colectivo latinoamericano de Cantautores ‘Dándole cuerda’”, agregó.
COMPOSICIÓN
Sus inicios con la guitarra los tuvo a escondidas, primero como miró. Tomó clases en la escuela de APA, avanzó con un poco de guitarra clásica y después lo fue aprendiendo por su cuenta, entre amigos, ensayos y familia. La creación vino para Dani en la adolescencia, entre festivales representando a la Escuela Nacional de Comercio n.°1.
Tuve que componer una canción en letra y música. Recuerdo que se llamaba ‘La vida es un cantar’ y ganamos el segundo premio, con un trofeo. Eso me impulsó a seguir componiendo, aunque lo hacía para mí. A veces cantaba en reuniones familiares. Siempre compuse canciones, escribía versos, a poemas que luego puse música y están grabados en mis siete álbumes editados”, refirió.
A mediados de setiembre, Dani ofreció un recital en el que estuvo acompañado por integrantes del ballet Kamba Kua, haciendo una celebración de la cultura africana en América.
“Aparte de toda la amistad que se logra compartiendo nuestro arte, está la profunda solidaridad y empatía con los pueblos afro en nuestra América, ya que donde estuve con mis canciones, siempre traté de tocar mis temas afro”, explica.

